SEVILLA Y AMÉN

Estrella fugaz

Por  15:18 h.

Como pasan las lágrimas, así pasa la  Estrella: con la luz empapada —rastro seco de acequia— por la oscura galaxia de sus hondas ojeras. Como el trépano pasa, un indicio se queda en la llama mojada del dolor de madera. Así pasa Triana: como pasa un cometa por el cosmos del agua. Como pasan las fechas de las flores de Pascua, así pasa la arena del reloj en el alma: en la cánula estrecha, donde el tiempo se para, hay un puente de Penas que no tiene barandas. Es un puente que lleva de Esperanza a Esperanza, desde el cielo a la tierra, de la muerte a la gracia, de la cruz a la Vega, desde Dios a la cava.

Como pasan los años, así pasa la Estrella: con un dique en la mano que en su angustia se enreda para hacerle un bordado a sus lágrimas nuevas porque el tiempo pasado, ése ya no se seca, ése moja los charcos que la lluvia recuerda en los cielos más altos, en las nubes más negras. Como pasa el verano con sus grises tormentas pasará el calendario: como el mar da la vuelta, como muere el relámpago, como el río se aleja, como amarga el naranjo que sus flores renueva, como migran los pájaros que en sus cónclaves vuelan, como van los gusanos a anidar calaveras, como trota el caballo con sus crines abiertas y percuten sus cascos sobre un son de cornetas, como al irse de largo el caudal por la cuenca se diluye el espacio pero el tiempo se queda coagulado en el llanto que el espejo refleja deteniendo el ocaso.

La Estrella / J. M. SERRANO

Como pasa la noche, así pasa la Estrella: con codicia de soles deslumbrando su puerta y con aires de bronce entornando veletas, bailarinas de torres que jamás dan la vuelta sin sufrir los azotes de la oscura tiniebla. Así suenan los golpes de la luz pasajera. Y los gallos responden, con su cante despiertan a las nómadas voces que en el eco van muertas sin saber hacia dónde: donde vaya la Estrella.

Como pasa un anhelo, así pasa: sin tregua, con el llanto en los huesos, con el Verbo en la lengua, con la cruz de sus siervos, con furor de galerna, como el sol por el hielo, como el ruego en la esquela. Se marchita el pañuelo que le calla la queja y es un óleo en el lienzo  el vapor que jadea cuando pinta su miedo. Así son sus duquelas: son encajes de tiempo con hilachas de amnesia enhebrando el recuerdo.

Como pasa la gloria, así pasa la Estrella: va regando la alfombra que se traga la hoguera, la que expira en la aurora, la que nace desierta. Así pasa la historia, como el árbol se quema, como fulge la sombra por la vil cabellera al arder la memoria de las noches en vela, como el éxtasis borda la nostalgia maltrecha en la víspera rota que rezuma su estela. Así tiemblan las ondas que salpican las crestas de las aguas redondas: como van las abejas a buscar en las rosas las entrañas del néctar, como el año devora la amargura tartesia con la miel de su boca suspirada de menta.

Como pasa en su huida por las sillas de enea, humillada y herida, pero siempre compuesta, maltratada, ofrendida, inocente y enhiesta, así pasa la prisa: ultrajada, indefensa, denigrada y rendida. Así pasa y resuella, con la sangre encogida en su ingente inocencia, con la vista perdida, como un faro que reza con la llama que gira y la luz descabella. Todo pasa y se olvida, sólo queda una huella, una eterna agonía en la margen derecha que se cambia de orilla el Domingo de fiesta. Y se va, fugitiva, tan fugaz en su ausencia, que se queda prendida en la luz que destella la verdad de Sevilla, la que todo lo ciega. Como pasa la vida, así pasa la Estrella.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Últimas noticias deAlberto García Reyes (Ver todo)