El paño de la Verónica del Valle de Guillermo Paneque / JAVIER COMAS

Prohibido fijar carteles

Por  0:05 h.

Igual que hay buenos años de cosecha de trigo duro o de aceituna de verdeo, existen temporadas de carteles sevillanos que se las traen. La presente es una de ellas. Tenemos una cosecha de mamarrachos bastante buenecita. Por cierto, ¿para qué publicar tantos carteles, si nos anuncian cosas que todos ya sabemos? ¿Para qué se editan? ¿Para ponerlos en los bares? Pasa con los carteles como con los pregones: que hay demasiados, y, de ellos, la inmensa mayoría son absolutamente prescindibles. Se juntan cuatro amigos y organizan un pregón o “exaltación” de la Semana Santa. Y se juntan otros cuatro y editan el cartel de su tertulia. ¿Por qué no ponemos de una vez un cartel, pero de distinta naturaleza? Como los de las vallas de los solares: “Prohibido fijar carteles. Responsable la empresa anunciadora”. Parece como si cada año hubiera un concurso, a ver quién edita la mayor mamarrachada de cartel. El primer premio se lo llevaban, año tras año y ganado a pulso, los maestrantes. Pero les están saliendo competidores importantes, en la moda de que la modernez que presente sea no solamente fea, sino horrenda.

Creía que tras el Torero sin Manos que ha editado la Real Maestranza como cartel de los toros, el listón de las mamarrachadas estaba tan alto que era insuperable. No ha sido así. ¿Será por mamarrachadas? El Ayuntamiento acaba de editar el cartel de las llamadas “Fiestas de Primavera” (que me suena a lo del “Solsticio de Invierno” que decía el otro para evitar la palabra cristiana, “Navidad”) y se admiten apuestas en la quiniela de los carteles feos. Yo no sé si ponerle un “1” al de los maestrantes y un “2” al del Ayuntamiento. Más bien es una “X”, porque andan así, así. El cartel del Ayuntamiento, como habrán visto, no tiene nada que ver con el fondo de armario del alma de Sevilla que pintó Nuria Barrera. Es un cartel de las Fiestas que se basa en el propio nombre de “Sevilla”. Lo que en principio no está mal visto. Lo que más vende de Sevilla es Sevilla misma, la “Marca Sevilla”, que le gana, y por goleada, a la llamada “Marca España”. Sevilla le presta su marca a España, por aquello de la identidad excedente, por la personalidad que le chorrea. Pero una cosa es poner sólo “Sevilla” en el cartel municipal de Semana Santa y Feria y otra cogerme al Señor de Sevilla y metérmelo silueteado y casi irreconocible en la S inicial. ¿Por qué el artista no ha dejado tranquilo a nuestro querido Señor de San Lorenzo y, si se trataba de la letra S, puesto un tramo de la Ese 30, que es como los sevillanos llamamos a la SE-30? ¿Y la bola de cera en forma de E? ¿Pero cera no se escribe con C? Y todo así. Dice el artista que lo sagrado, la Semana Santa, arriba, y lo profano, la Feria, abajo: los farolillos, un zapato de flamenca y los toros.

Y por si fueran pocos el Torero sin Manos y el cartel municipal de las Fiestas que sólo pone “Sevilla” y jibariza a Nuestro Señor del Gran Poder, el paño de la Verónica del Valle. ¡Tela! No digo que el paño de la Verónica esté pintado en una tela, sino que tiene tela marinera del telón. Le gana a los dos carteles. ¡Con lo bien que llevaba la respetable Hermandad del Valle su tradición de encargar cada año el paño de la Verónica a un gran pintor e ir haciendo así una importante colección pictórica! Para sustituir al primitivo de Virgilio Mattoni, que estaba muy deteriorado, en 1980 se le ocurrió al hermano y pintor Francisco Maireles encargar uno nuevo cada año a un artista de renombre. La colección es impresionante y bellísima: Miguel Ángel del Pino, García Gómez, Amalio, Juan Roldán, Santiago del Campo, Carmen Leffón… Tanto respeto infunde el Señor que hasta modernos como Guillermo Pérez Villalta o Manuel Salinas (tan aficionado a los cuadros en Modo Catálogo Titanlux) pintaron el Divino Rostro del Señor. Hasta que este año ha llegado un moderno de cuyo nombre no me da la gana de acordarme y ¿saben lo que ha pintado como paño de la Verónica? Pues en vez del rostro del Señor, una servilleta con cuatro manchas de kétchup y tres de mayonesa. ¿Anunciará un detergente a lo mejor?

Antonio Burgos

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