José Antonio Fernández Cabrero / JESÚS SPÍNOLA
José Antonio Fernández Cabrero / JESÚS SPÍNOLA
EL RECUADRO

Un jándalo macareno

Me encanta que haya sido elegido hermano mayor de la Macarena un montañés. Eso demuestra la universalidad de Sevilla
Por  0:46 h.

En realidad este artículo no lo tendría que escribir yo. Debería cederle los avíos de torear a mi gran amigo el excelentísimo tabernero don Rogelio Gómez, que se escribe Gómez, pero se pronuncia Trifón. Allá en Santander, mi amor, ay lerén, lerén… No, que eso es una vieja canción que se me ha metido en una interferencia en la radio de cretona de la memoria. Allá en Santander dicen del jándalo baratillero Rogelio que es un montañés de Sevilla y un sevillano de la Montaña. La Montaña, ¿eh?, qué Cantabria ni Cantabria. A Sevilla han venido siempre a trabajar en las tiendas de comestibles, a establecerse luego con su propio ultramarinos y a apuntarse en el Betis los montañeses, no los cántabros. Con San Fernando, para tomar Sevilla a los moros, vinieron montañeses, no cántabros, que por eso en el escudo de Santander está la Torre del Oro, cuyas cadenas de defensa cortaron los paisanos del nuevo hermano mayor de la Macarena, para que pudiéramos tres siglos más tarde ser Puerto y Puerta de la Indias, que antier lo hubiéramos sido si el Santo Rey no los echa y esto sigue en manos de los del bájame la jaula, Jaime, bájamela.

Digo que este artículo lo tendría que escribir Rogelio Trifón porque, para que luego larguen del ombliguismo sevillano y de nuestra cerrazón, un paisano suyo de la Montaña, que me cuentan que no ha perdido el acento de su tierra de vacas y sobaos, ha sido elegido hermano mayor de la Hermandad de la Macarena. Traduzco al lenguaje de los Callejones: de la Virgen de la Esperanza. Siguiendo las divinas enseñanzas de don Santiago Montoto, nunca quiero “ni fías, ni porfías ni cuestión con confiadas”, y verán que he estado más callado el Mudo de Santa Ana sobre las elecciones macarenas. Hasta he renunciado a largar que me parecían las americanas, sólo que los americanos, pobrecitos, no tienen a la Virgen de la Esperanza más que en casa del poeta Manolo Mantero en el Estado de Georgia. He estado más callado que un primitivo nazareno de Sevilla sobre estas elecciones. Pero ya que han pasado, proclamo solemnemente que me encanta que haya sido elegido hermano mayor de la Macarena un montañés. Eso demuestra la universalidad de Sevilla. ¡Prontito los separatistas catalanes van a hacer abad de Montserrat a un sevillano nacido en la calle Parras!

Sevilla no pide el carné de identidad a quien ama y defiende lo mismo que nosotros defendemos y amamos. Me parece que tal es lo ocurrido con el nuevo hermano mayor de la Macarena, a quien por así decirlo, hizo hermano, hace ya 33 años, Juanito Valderrama. En serio. El mismo lo ha dicho a ABC: “Yo era un joven santanderino que allí en las salas escuchaba flamenco y era un espécimen raro. A través de la copla de Juanito Valderrama encuentro un verso en «El Emigrante» que decía: «Rezaré pá que me ampare Aquélla que está San Gil». Pensaba: “Aquélla que está en San Gil yo tengo que verla”. En el 78 me vine para acá trabajar de topógrafo y tenía un compañero ingeniero industrial en trenes y conocí a mi mujer que es de Cantillana. Dejé a mi novia santanderina y me casé con María. Me reencontré con ella en abril del 78 y le dije: “Llévame a ver a la Macarena”. Y dije: «Ahí me meteré yo de costalero». Y me metí. Estuve hasta el 89 que me llamó José Luis de Pablo Romero para ir en su junta.”

El himno de la hermandad al que con goterones de cera de cirio verde puso letra Caro Romero, dice: “La Virgen de la Esperanza/entre Rosario y Sentencia/bajó del Cielo a Sevilla/para hacerse Macarena”. Lo mismo que Aquella Que Está en San Gil, don José Antonio Fernández Cabrero bajó de la Montaña a Sevilla para hacerse macareno. Sin fías ni porfías, me quedo con la doble universalidad de nuestra ciudad, nada cerrada, que abre sus murallas, su Puerta del Príncipe y su Arco a quien la ama y siente como nosotros: la universalidad de Sevilla y la universalidad de la Virgen de la Esperanza. Y si encima el jándalo del Arco lleva de consiliario a un tan gran torero como buena persona que además se llama Miura, pues ya es que ni te cuento. Venga, señores de la Centuria, paso ordinario y “Abelardo”, rancataplán, que vamos a presentar armas a la universalidad nada cerrada de Sevilla.

Antonio Burgos

Antonio Burgos

Antonio Burgos

Últimas noticias deAntonio Burgos (Ver todo)