La bulla de la Macarena en la calle Cuna / IGNACIO OLLERO
La bulla de la Macarena en la calle Cuna / IGNACIO OLLERO
EL RECUADRO

Y Sevilla se nos va

«Cómo se nos habrá ido Sevilla de las manos, que hasta ha hecho hablar al Silencio...»
Por  18:15 h.

Los Romeros de la Puebla, los que aún no tienen la Medalla de Andalucía que se merecen, cantaron un día con letra de Manolo Garrido y música de José Manuel Moya: «Hemos cruzado los brazos/ y Sevilla se nos va,/y al río estamos tirando/ lo que ya no volverá./¡Alerta a los sevillanos!/Que Sevilla es nuestra gloria/ y se nos va de las manos…» Pues yo creo que Sevilla ya se nos ha ido de las manos. ¿Qué estamos tirando al río? De momento, si es por tirar al río, en la Madrugada devenida en Madrugona de la Botellona, cuando la bulla se hizo chusma y habitó entre nosotros, hasta tiraron al río a dos niñatos, en una pelea. Pero no una pelea de arte y gracia del Corral del Conde, Pali, sino de guasa, droga y alcohol, en esa triste Madrugada que algunos han descrito como una Nochevieja con pasos en la calle.

¿Qué ha pasado aquí, que de las estaciones de penitencia de las cofradías de la Madrugada hay que dar ya parte de sucesos, como si fueran los guiris borrachos que cogen los toros en los Sanfermines? Antes hablábamos de la estación de penitencia del Silencio haciendo poesía del olor del azahar de la Virgen de la Concepción. Ahora, en esta guerra de Sevilla contra la chusma que se ha adueñado de ella, dice Javier Macías en el parte de batalla de la estación de penitencia del Silencio: «El balance fue mucho más grave de lo que en un principio se contó: nazarenos heridos -uno con un corte en el pie, que sangraba abundantemente y otro con la clavícula rota-, ataques de ansiedad o más de una treintena de cirios rotos y cruces partidas». Mas esto para el Bourrellier que se autoproclamó Delegado de la Madrugada, para el Consejo de Cofradías, para el Cecop y para el Ayuntamiento, para todos los culpables y cómplices, es «una anécdota». Como es «culpa de la LOGSE» que hubiera en la calle Cuna algo insólito: bulla no de público, sino de nazarenos de La Que Está en San Gil.

¿Qué está pasando aquí? ¿Qué ha pasado? Pues que Sevilla se nos ha ido de las manos. Y todos, con los brazos cruzados. Paradójicamente, el único que ha hablado, y con toda valentía, ha sido el muy damnificado hermano mayor del Silencio, Alberto Ybarra. Cómo se nos habrá ido Sevilla de las manos, que hasta ha hecho hablar al Silencio… A la cofradía que pide por escrito la venia en La Campana, para no hablar. Frente a tantos silencios cobardones de los cofradones, el único que aquí ha hablado ha sido el valiente Silencio de la espada desnuda en defensa del Dogma concepcionista… y de la Sevilla que perdimos. Fueron a por la hermandad más rica en ritos del patrimonio inmaterial de la Semana Santa: llave del Monumento al cuello del hermano mayor, niños pajes de librea en vez de gualquis, sediari, antoninos… Esta es la clave. Ya nos cruzamos antes de brazos cuando los versos de Manolo Garrido y dejamos que se nos fuera la Sevilla del patrimonio material monumental, piqueta en mano o Setas en ristre. Ahora seguimos con los brazos cruzados y se nos está yendo el patrimonio inmaterial, cual los ritos intactos de la Madrugada, inmenso monumento intangible y secular. A Sevilla le demolieron las viejas casas nobiliarias de la Plaza del Duque; le derribaron medio catálogo de «Arquitectura Civil Sevillana»; le convirtieron la Catedral en un parque temático y al barrio de Santa Cruz, en un Polo de Desarrollo Industrial Turístico. La degradaron, la adocenaron, la acatetaron. Le plantaron una Torre Pelli en los cielos que perdimos de Romero Murube. Y ahora van, han ido, están yendo, ante el silencio de todos, menos de la agredida Hermandad del Silencio, a por el intangible patrimonio inmaterial de nuestras tradiciones. El mal gusto, el niñaterío, la gentuza, la chusma y la catetería de los alcaldes (de pueblo los dos últimos) mandan en Sevilla. Y no hay un San Fernando que la libere de estos nuevas invasores. Se tiran las cenizas de los muertos a los pasos de Cristo; las sillitas de los chinos toman la calle como suya; blindan la rentabilísima carrera oficial mientras dejan a toda Sevilla en manos de la chusma; y al malhadado tranvía me lo visten de flamenca… de Jerez, como a La Esmeralda, con un sombrero de alancha; y encima colorado, como el de cartón de los turistas. Poeta Manolo Garrido, qué razón tienes siempre en tus versos: «Algo se muere en el alma…» Y hemos cruzado los brazos y Sevilla se nos va. Se nos ha ido. Ya.

Antonio Burgos

Antonio Burgos

Antonio Burgos

Últimas noticias deAntonio Burgos (Ver todo)