EN CUARENTENA

La valentía del Sol

El Sol reinterpreta el pasado y choca frontalmente con el inmovilismo estético de muchos sectores cofrades sevillanos
Por  2:09 h.

El gran estreno de la Hermandad del Sol, el más impactante de la Semana Santa de este año, es el techo de palio de su Dolorosa, que rompe con el estilismo imperante y decimonónico, -que no deja de ser en sus originales enorme, creativo e irrepetible-, copiado y replicado en obras posteriores que, con mayor, menor o ínfima fortuna, jalonan las calles de Sevilla en esta nuestra Semana Santa, en la que se defienden a capa, cola, capirote alto y bajo, rúan, raso, merino o hábito imponderable, estéticas -algunas admirables-, de antes de ayer por la noche como si fueran las Tablas de una Ley que Dios entregó a Moisés.

El techo de palio del Sol

El techo de palio del Sol

Aciertos y errores tienen todas, o casi todas, las hermandades y cofradías de «nuevo cuño», e incluso las que ponen su pica documentada del XVI o poco más allá del para acá con panegíricos estilísticos en los que hay más leyenda que archivo fehaciente y acreditado. Pero en el caso de la del Sol, con algún detalle que limar, es encomiable, admirable y sorprendente su empeño de reafirmación de una idiosincrasia que fundamenta en estéticas olvidadas. Sello, identidad y estilo propios, que se deben a su director artístico, Juan Manuel Bonilla Cornejo, consiliario primero y licenciado en Bellas Artes y escultor, apoyado por la junta de gobierno que preside Juan Luis Amaro.

No es solamente una diferenciación artística ni una reinterpretación gratuita y llamativa lo que pone el Sol en la calle, es una apuesta estudiada e investigada en los rasgos de las viejas Semanas Santas más allá de los grabados decimonónicos y románticos que el ojo sevillano es capaz de identificar como propio y único posible.

El Sol reinterpreta el pasado y choca frontalmente con el inmovilismo estético de muchos sectores cofrades sevillanos. Su Varón de Dolores puede gustar más o menos, pero son inaceptables los insultos que recibe; Nuestra Señora del Sol, advocación de los orígenes de la Hermandad en 1932 de la mano de alumnos de los jesuitas del colegio Villasís -tercera talla de la corporación-, representa, junto a San Juan y María Magdalena, la olvidada Sacra Conversación en su paso, con varales de madera, como los que estuvieron en uso hasta principios del siglo XX. La ráfaga y la media luna bajo sus pies son otra recuperación, como las insignias procesionales, alguna de las cuales mira al siglo XVII.

El techo de palio recién presentado, diseñado por el pintor realista Raúl Berzosa, es una obra de arte, un rompimiento de gloria en el que, además de la impresionante técnica de usos de perspectiva y juego para la vista, a modo de quadratura, hay escultura, molduras, orfebrería… ¿Arriesgado y rompedor? Sí, como todo lo que hace la valiente Hermandad del Sol mientras huye del estándar establecido.