Nazarenos del Gran Poder en la Plaza de San Lorenzo / JUAN FLORES
Nazarenos del Gran Poder en la Plaza de San Lorenzo / JUAN FLORES
EN CUARENTENA

El talante de la Madrugada

«Me ha sorprendido, mucho y para bien, el talante con el que el presidente del Consejo de Cofradías, Carlos Bourrellier, ha tomado el timón»
Por  0:34 h.

Pareciera que tocar el tema de la Madrugada, sus posibles cambios para un mejor desarrollo de las seis cofradías, es «tabú» y como mentar la soga en casa del ahorcado.

Y puede que, en cierto modo, algo de eso haya. Porque lo que está claro es que cuando se habla de este día saltan todas las alarmas y hermanos mayores, diputados mayores de gobierno, capillitas de todo tipo y advenedizos se lanzan poco menos que a rasgarse las vestiduras. Es tanto el peso de dicha jornada que cualquier cambio, por nimio que sea, supone toda una convulsión. 

Sin embargo, me ha sorprendido, mucho y para bien, el talante con el que el presidente del Consejo de Cofradías, Carlos Bourrellier, ha tomado el timón de este inmenso crucero de eslora extraordinaria. No sólo ha encajado con normalidad –no se entienda mal esta expresión- la dimisión del delegado al no llegar a un acuerdo sino que se ha conjurado para sacar adelante el cambio que, no nos vamos a engañar, necesita la Madrugada.

La pregunta, empero, es de cajón. ¿Será capaz de poner de acuerdo a los seis hermanos mayores? Y otra más peliaguda. ¿Acatarán lo que diga su presidente si no se llega a un acuerdo en las reuniones que se están manteniendo y que gozan, Bourrellier dixit, del mejor de los talantes?

Lo que está claro es que a la Madrugada, como a otros días de nuestra Semana Santa, le hace falta un reajuste. Ojo, que no un parcheo porque no servirá de nada. Puede que la solución pase por el sacrificio de algunas de las corporaciones. Los experimentos, en este caso por tres años, dejarán damnificados aunque sea a tiempo parcial.

Pero no podemos seguir con la venda en los ojos. Por seguridad, primero. Por dignidad de los distintos cuerpos de nazarenos, en segundo lugar. Y por la imagen que puedan llevarse quienes vienen de fuera. Quejarnos sin buscar realmente las soluciones es lo fácil y de lo que muchas veces alardea el sevillano anquilosado.

No pongo en duda, ni un ápice, ese talante y cordialidad en las reuniones mantenidas. Faltaría más tratándose de personas cristianas, católicas y que rigen los destinos de una Hermandad. Pero el talante debe dar paso, sin más demora, a soluciones concretas. Todo lo que no sea eso significará un fracaso; dar vueltas alrededor sin llegar nunca a ningún puerto. Por mucha eslora que tenga el barco.

Fernando Carrasco

Fernando Carrasco

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