El Señor de la Presentación al Pueblo de San Benito
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EN CUARENTENA

Fariseos

«Una Cuaresma que se nos va de las manos en nimiedades y en la que casi ni nos acordamos de sentirla como verdaderamente es»
Por  1:34 h.

Nos rasgamos las vestiduras, la mayoría de las veces, por cuestiones realmente intrascendentes pero que pareciera que sin ellas, la Semana Santa sería algo muy distinto e incluso impensable.

Nos rasgamos las vestiduras cuando hablamos de cambios de itinerarios, tiempos de paso, marchas, uniformes de músicos, velas rizadas, palios de cajón, calles angostas por las que no cabe el paso, conteo de nazarenos, restauraciones, bordados, cirios blancos, verdes o color tiniebla, forma de andar de una cuadrilla de costaleros, si hay que tocar dos o tres marchas en la entrada en la Carrera Oficial, los urinarios de la Catedral, las designaciones de pregoneros y cartelistas, los cabildos extraordinarios para decidir cualquier aspecto que se antoja trascendental y sin el cual poco menos que la cofradía no puede salir a la calle.

Nos rasgamos las vestiduras cuando nos dicen que a nuestra cofradía le van a quitar minutos o que tiene que tirar por determinada calle en beneficio de la que viene detrás. Y nos ufanamos hablando de las croquetas de determinado bar, de las convivencias que se prolongan hasta las cuatro de la madrugada sin sentido alguno, del poder que tenemos en la hermandad y la influencia para «colocar» a fulanito delante del «pasocristo» o del palio en la estación de penitencia, de las veces que nos salimos a lo largo de dicha estación para «reponer fuerzas» y fumarnos un cigarrito, que en todos los trabajos (al menos antiguamente) se fuma.

Y nos rasgamos las vestiduras «largando» de cualquier cofradía, porque «hay que ver cómo han vestido este año a la Virgen para el triduo» o «qué pobre la iluminación del quinario del Cristo y qué pocas flores, cuando esa imagen pide a gritos poco menos que un jardín entero».

Sin embargo, ¿por qué no nos rasgamos las vestiduras cuando comprobamos que no acuden a los cultos de las hermandades más hermanos de los que pululan por los bares adyacentes al templo medalla en pecho y perfectamente trajeados?

¿Por qué no nos escandalizamos cuando vemos que el esfuerzo de las corporaciones en materia de caridad (sí caridad, nada de acción social) no tiene la respuesta por parte de administraciones a la hora de echar una mano? ¿Por qué no alzamos la voz cuando comprobamos cómo se caen las iglesias y casi nadie hace nada por remediarlo? ¿Por qué no ensalzamos como se debiera la labor callada de los jóvenes de las hermandades ayudando a los que de verdad lo necesitan, acompañando a los enfermos, entreteniendo a los mayores? ¿Por qué no potenciamos más los cursos de formación para estos jóvenes y los adultos en las hermandades? Por poner sólo unos pocos ejemplos.

Muchas veces parece que vivimos una Cuaresma paralela en la que vamos quitando fechas al calendario y el Miércoles de Ceniza ya estamos diciendo que «esto se acaba». Una Cuaresma que se nos va de las manos en nimiedades y en la que casi ni nos acordamos de sentirla como verdaderamente es. Fariseos. Somos unos fariseos. Y quien esté libre de pecado…

Fernando Carrasco

Fernando Carrasco

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