Carlos y Manuel Villanueva / M. J. RODRÍGUEZ RECHI
NO DO

Los Villanueva

Por  0:31 h.

Como los hermanos Bécquer, o los Font de Anta, o los Machado, o los Álvarez Quintero. Como Pastora y Tomás Pavón, como Antonio y Manuel Mairena. Los Villanueva son algo más que dos capataces. Una vez alguien se lo dijo a Manolo Villanueva en la esquina de San Bernardo con la calle Santo Rey. La Virgen del Refugio flotaba literalmente en el aire acompasado de la noche. Dio la vuelta al ruego en noventa grados. Con esa naturalidad que solo manejan los artistas grandes. “Eso no es llevar un paso”. El capataz miró al que lo interpelaba. “Eso es una obra de arte”. Al final se fueron los dos juntos delante de la Madre.

Los Villanueva van a recibir el premio El Llamador que convoca el programa de Canal Sur Radio que dirige el amigo y compañero -por ese orden- Fran López de Paz. Querido Fran, darles un premio con ese nombre a los Villanueva es como darle una pluma a Cervantes, una gubia a Montañés o una batuta a Turina. Estos dos hermanos son herederos de una forma de mandar los pasos que ya describió en su día, y para siempre, Antonio Burgos. Que la trasera de un palio puede escribir poemas en la cuartilla de una chicotá lo aprendí en las letras del maestro, y lo viví de la mano de mi madre. No estamos hablando de las bellas artes que estudian los entomólogos en las salas frías de los museos, sino del arte que le imprimen estos creadores a la forma de andar. Porque con los Villanueva los pasos andan. Con lo difícil que es eso de andar por la vida y por las calles de esta ciudad que nos devora porque somos hijos suyos…

Viendo y viviendo esa forma de andar podemos estudiar los fundamentos de la Estilística. La sobriedad machadiana del camino, versión Antonio, está en el misterio de Santa Marta, mientras la música de Manuel suena en las caídas del techo de la Gracia y del palio de la Esperanza de San Roque. Las dos Sevillas, intramuros y extramuros, vibran en las dos maneras de rachear que nos conmueven en San Lorenzo y en el Tiro de Línea. Lo clásico, en los bordados andantes del palio victorioso de Las Cigarreras. Y así hasta llegar a esa inexplicable -el arte siempre es inefable- manera de andar que lleva el Silencio Blanco. Dice la leyenda que por las noches se escucha a Herodes tras el portalón, puro fantasma de la ciudad escondida, preguntándose cómo es posible que cada Domingo de Ramos vaya caminando por Sevilla sin levantarse del sillón.

Manolo y Carlos Villanueva son como Antonio y Manuel Machado: complementarios. Eslabones que unen la Semana Santa de hoy con la de ayer. Sus costaleros hablan maravillas de sus capataces. Nos retrotraen al tiempo pasado que florece cuando la ciudad despierta del invierno y florece al escuchar la llamada de la sangre. De eso podría contar el cronista algo que le sucedió una noche de miedos y agonías. Pero mejor será que se quede en el silencio de la discreción que Carlos Villanueva ejerce con esa elegancia que caracteriza a la mejor Semana Santa. Allí aprendimos que ser capataz es algo más que llevar un paso. Es acercar a Dios a su gente, y acercar a la Virgen a quien más La necesita. Y eso es amor. Quien lo vivió lo sabe.

Francisco Robles

Francisco Robles

Francisco Robles

Últimas noticias deFrancisco Robles (Ver todo)