El cardenal Niño de Guevara
El cardenal Niño de Guevara
FIGURAS CON PAISAJE

Niño de Guevara: el culpable de la Madrugá

En 1604 ordenó que todas las cofradías hicieran estación de penitencia a la Catedral. Así terminaría el desorden reinante
Por  1:18 h.

El cardenal don Fernando Niño de Guevara echa mano de la ucronía y se da un paseo por la Quinta Avenida de Nueva York. Hasta allí llegan los ecos del frustrado plan para reformar la Madrugada, vulgo la Madrugá que en el fatídico año 2000 se convirtió en la Madrugona. El cardenal aprovecha un descuido del vigilante y se sale literalmente del cuadro donde pervive la imagen que tenemos de él. Atraviesa las salas del Metropolitan Museum donde hay turistas que desafían la ola de frío que ha caído sobre la ciudad de los rascacielos en plural: la del rascacielos en singular es Sevilla. Y sale a la calle para respirar el aire helado del invierno.

En Nueva York no se habla de otra cosa. Ese reajuste de horarios e itinerarios le ha dado la vuelta al mundo y ha provocado la inquietud en Washington. En la Casa Blanca se han celebrado reuniones al más bajo nivel, o sea, en el búnker reservado a los asuntos de trascendencia mundial. El cardenal siente sobre sus hombros un peso peor que el de la púrpura: él es el responsable de este conflicto que se ha cobrado la dimisión del delegado de la Madrugada. Eso no lo entienden los yanquis. ¿Cómo puede haber un delegado de un tramo horario?

Hace más de cuatro siglos, en 1604, Niño de Guevara ordenó que todas las cofradías hicieran estación de penitencia a la Catedral. Así terminaría el desorden reinante, ese caos provocado por los cortejos que se cruzaban en la calle y que dirimían la prioridad de paso con ayuda de flagelos y cruces. Ahí podría estar el germen del mal que ahora padece la Semana Santa, pero hay un matiz que habría que aclarar para no caer en la confusión. Una cosa es la estación de penitencia a la montaña hueca, y otra muy distinta la carrera oficial.

La cuestión está en ese largo y estrecho pasillo que se abre en la Campana y se cierra en la plaza de la Virgen de los Reyes. Un muro de Berlín formado por sillas y por vallas, por palcos amurallados, por barreras que impiden el tránsito de las cofradías por el camino más corto, que diría Montesinos. Ahí está el problema, y no en los cruces de Cuna y Laraña, de San Pablo y Zaragoza. Pero eso no quiere verlo nadie. Eso sería tocar la fuente de financiación de la fiesta. Niño de Guevara vuelve a su cuadro. Antes se ha comido un perrito caliente, como los que vendían en las calles durante la Semana Santa de nuestra juventud. Cerrada la ucronía, el cardenal tiene todo el tiempo de la eternidad para resolver el problema con un teorema matemático que está por descubrir.

Francisco Robles

Francisco Robles

Francisco Robles

Últimas noticias deFrancisco Robles (Ver todo)