La Virgen del Dulce Nombre y San Juan Evangelista / JUAN FLORES
NO DO

Un sueño que se acerca

Han pasado dos años de aquello y el premio Fernando Carrasco se lo dan a un artículo que firma mi amigo y maestro Machuca
Por  19:00 h.

Fernando Carrasco se fue sin decir adiós. Ni siquiera un hasta luego. Ni un amago de despedida. Recuerdo aquella mañana del primer viernes de marzo, aquella noticia que me dieron Amalia y Alberto, aquel frío en el cuerpo que aún no se me ha quitado. Recuerdo que solo pude tomarme un café, siempre el café que te despierta y te da la vuelta para lo malo y para lo bueno. Recuerdo el ordenador encendido, la página en blanco para escribirle una despedida en «Pasión en Sevilla», en el mismo número donde Fernando publicó su último reportaje: un viaje premonitorio a Tierra Santa.

Han pasado dos años de aquello y sigo sin creérmelo. Han pasado dos Semanas Santas, o ha pasado la Semana Santa dos veces, y ahora resulta que el premio Fernando Carrasco se lo dan a un artículo publicado en esa misma revista: «Un sueño que se aleja». El texto vio la luz en la primera semana de mayo, cuando la belleza nace del todo para quedarse en la ciudad. Lo firma mi amigo y maestro Félix Machuca. He dicho bien: amigo y maestro. Siempre he admirado a Félix, y de esa admiración tuvo que nacer la inevitable amistad que nos une. Cada vez que me envía uno de sus Asuntos internos, el correo electrónico anuncia repeluco. Porque este Machuca romano y bofetero siempre te enseña ese pellizco que te duele por dentro, como solo te puede doler la mirada de la Virgen que te dejó tu padre en herencia, o el beso de una mujer que le da sentido a la vida. No creo que ande mal encaminado, maestro. Y si es así, colleja al pescuezo.

Que ahí quería yo llegar. Prepárate para la convidá que te espera, porque esto no puede quedarse aquí. Esto hay que mojarlo con la rubia que adoramos, la del templete de la Cruz del Campo. O con el tinto que tiñe de alegría los mejores momentos de la vida. Hay que buscar un bar abierto para cerrarlo. Y hay que hacerlo para honrar la memoria de Fernando. Con esos soldaditos de Pavía que se fríen en el aceite de la Bética, con esas espinacas que nos gustan más que a Popeye, con ese bacalao con tomate que ya me sabe al gozo presentido del Domingo de Ramos.

Y ahora voy a ponerme vacilón, maestro Machuca. Voy a cambiarle el título a tu artículo. Voy a darle la vuelta mientras me tomo el primer Catunambú de la mañana: Un sueño que se acerca. Porque la vida es eso, Félix. La vida de verdad es un sueño que se acerca y que te coge por la femoral cuando menos te lo esperas. La vida es ese pellizco que tú le das a Sevilla cuando la rondas en el cortejo de tu prosa. Es, ya tienes tarea. El artículo para la próxima revista se titulará como el tiempo que nos espera: Un sueño que se acerca.

Y ve preparando la de Ubrique. Porque tenemos que vaciar esos botellines para honrar la memoria del amigo. Aunque nos duela el choque del cristal. Aunque nos sepa el primer buche de cerveza al mal trago de la amargura. Tenemos que hacerlo, Félix. Tu nombre, como el de Fernando, empieza por las dos letras que nos salvan: Fe. Y ya sabes que después de la Fe viene esa palma de luz que es la Esperanza. En cuanto a la Caridad, ya sabes quién va a pagar: tú mismo…

Francisco Robles

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