El llamador de la Esperanza de Triana, un barco con el ancla llevada por querubines
EN CUARENTENA

La Esperanza en hora

«Nadie esperaba a la Esperanza, pero apareció, como lo hace en cada cama de hospital adonde llegan los pañuelos de las vírgenes de Sevilla»
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La tarde estaba gris, el suelo encharcado y el viento era tan desagradable que invitaba a guardar la abstinencia de cada viernes de Cuaresma en la mesa de camilla. En Santa Ana, las cenizas de un hombre aguardaban en una pequeña capilla a que llegara el momento para ser depositadas para siempre en el columbario de la catedral trianera. Aquel hombre llamó tantas veces a la Esperanza y la llevó tantas veces al cielo, que ella quiso estar presente en su última levantá. La Virgen llegó a Santa Ana justo cuando comenzaba la misa por su eterno descanso. Desafiando al cielo y al reloj, si era necesario. La Esperanza no se adelantó, llegó a su hora. A su tiempo. Y allí estuvo, desde un humilde segundo plano, porque aquel momento era para un hombre que se llamaba Jesús Basterra, que ha pasado a ser ya otro querubín más que porta el ancla, como los marineros que van en el barco de plata que sirve de llamador de la Esperanza.

Son las cosas de las cofradías, las que menos se airean. Las hermandades dan alimento al que no tiene pan para llevarse a la boca, dan consuelo al que ha perdido a un ser amado y dan compaña al que está solo o enfermo. La Virgen, un primer viernes de marzo, en el día de los Cautivos, llevó el pañuelo a la familia del que fue su capataz. Nadie esperaba a la Esperanza, pero apareció, como lo hace en cada cama de hospital adonde llegan los pañuelos de las vírgenes de Sevilla, que son salvavidas a los que nos agarramos en los peores momentos. Como el que, a buen seguro, se aferró Carmina, una hija de la Encarnación que ya se ha presentado ante el Padre y al que se agarrará ahora José Luis, el mayor de San Benito.

Un pañuelo y un canasto. Como aquel de plata que se llevó para siempre Curro, diputado de San Juan de la Palma. De aquí a veinte días, lo llevará su hermano Vicente y también su padrino Enrique. Y su padre, Paco, abrirá la larga fila de nazarenos blancos cuando a las 19.45 horas se abran las puertas del templo. Él llevará el horario de la cruz. Su Amargura. Vicente, Paco, María José, Enrique… la Esperanza siempre llega en hora.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla