La Virgen del Rocío / RECHI
OPINIÓN

La verdad del Rocío

Ahora que voy conociendo el Rocío, me niego a admitir que comparen con los Sanfermines a esta romería cuyo único centro, meta y punto de partida es la Virgen
Por  0:45 h.

Dice un amigo mío que tener que contar la verdad sobre el Rocío ya denota que por algo será. Y lleva razón, si hay que hacer ese esfuerzo para hacerle ver a quienes critican año tras año esta fiesta es porque, de alguna manera, hay quien el mensaje que le llega no es el que originalmente y en esencia tiene la devoción a la Virgen.

Existe mucha ignorancia en torno al Rocío. El que escribe estas torpes líneas, de hecho, no ha mamado esa fe e incluso hasta hace unos años era escéptico sobre esta fiesta. Ahora que la voy conociendo cada vez más, que por mi trabajo me he ido acercando, me siento en la obligación y con la responsabilidad de intentar transmitir lo que es verdaderamente el Rocío. Y no, no es una fiesta cateta, ni de analfabetos. No es una fiesta para el postureo en la que, encima, se maltrate a los animales. Ni una fiesta donde la droga tenga ni una pizca de protagonismo.

Habrá quien entre las cientos de miles de personas que van a la aldea estos días metan la pata y distorsionen la imagen que debe tener. La prensa rosa y quienes le venden su alma al diablo son culpables de ello, como también lo son las hermandades que permiten que quien se cuelga su medalla aparezca ofreciendo una lamentable imagen. Y sí, claro que existe postureo, demasiado. Todos los conocemos, pero no están solo en el Rocío, también los vemos en Semana Santa y en la Feria. Aquí llevan su pañuelo anidado al cuello y el sombrero con una cinta, pero nada diferente a lo que se vive en otras fiestas.

Ahora que voy conociendo el Rocío, me niego a admitir que comparen con los Sanfermines a esta romería cuyo único centro, meta y punto de partida es la Virgen. Supongo que, en esencia, la fiesta navarra tiene mucha más verdad de puertas para adentro que lo que sale en televisión, que no es más que borrachos y orgías por doquier.

Por eso hay que contar la verdad del Rocío. Porque yo he conocido a gente de Huelva que necesitaba a la Virgen para superar la reciente pérdida de un padre. Porque he conocido historias del Aljarafe de personas que hacen el camino sin descanso, andando sin parar y sin subirse al charré. Porque he conocido a amigos que, desde el extranjero, lloran a la orilla de un mismo mar que baña las marismas del Rocío por no poder ir a verla en peregrinación. Yo he visto cómo el pueblo de Almonte ha levantado a un paralítico en su silla de ruedas para meterlo casi dentro del paso. Yo he visto cómo han dejado entrar en ese caos organizado que va bajo sus andas a un enfermo de cáncer para que con ellos la lleve. Yo he visto a un hombre arrodillado en las arenas pidiendo por la mejoría de su esposa enferma. Y he conocido más de 80 historias de milagros que, lo crean o no, tienen la mano de la Virgen del Rocío. Pregúntele a los santeros y a las camaristas cuántas peticiones aparecen escondidas cada día del año en el santuario o, simplemente, sean testigos del hollín de la capilla votiva, que no es más que la tizne del amor que cientos de miles de personas le profesan a la imagen.

Este sevillano, forastero, ignorante como tantos otros del Rocío, se niega a admitir que tachen de analfabetos a quienes van debajo. Porque, quizá, no comprendamos sus formas, pero sólo hay que conocer a algunos para descubrir que, bajo esa mole de plata, van doctores en Derecho, catedráticos de Física, escritores, periodistas… gente muy cultivada que, por un día, se despojan de todo ego para ser, «únicamente», hombres de la Virgen.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla