Contraluz del Cachorro en la Magdalena / J. MACÍAS
EN CUARENTENA

Lo que quiero ver y lo que no

Por  0:15 h.

Quiero ver el sol, para que su luz haga explotar de una vez el azahar que brota en los naranjos. No quiero ver cómo el agua rompe un cortejo en la calle ni a un hermano mayor protagonizando una película de suspense anunciando que pide una prórroga de dos horas para salir.

Quiero ver la salida de la Paz, la vuelta con «Rocío» en la calle Brasil, mi primer recuerdo de la Semana Santa; y que nos dejen en paz los que van a ver la Semana Santa para beber alcohol o para comer pipas haciendo corritos en primera fila al paso de una cofradía sentados en sillitas de los chinos y jugando a las cartas. No quiero ver actitudes demenciales de un agente con alguien del público o con periodistas haciendo su trabajo como si lo que viniera, en lugar de un paso, fueran los ultras del Spartak de Moscú.

Quiero ver al Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta entre las fachadas encaladas de San Julián con los sones de Arahal, una agrupación que es heredera de la Guardia Civil, que mantiene el canon que se está perdiendo en favor de lo chabacano y que ha sido infravalorada por las cofradías de Sevilla. No quiero ver (más bien escuchar) marchas más propias de las tamborradas de San Sebastián o de una fiesta cani.

Quiero ver, o que me cuenten, cómo sonó «Soleá dame la mano» cuando la Amargura llegue a la Alameda, como hace justo un siglo en el estreno de una marcha de Font que fue precursora, un año antes, del himno de la Semana Santa. No quiero ver a la cruz de guía sin el abrazo del pueblo cuando llegue a las inmediaciones del convento porque al policía de turno se le ocurra vaciar la calle.

Quiero ver la Candelaria en los Jardines de Murillo a la hora del ocaso por este original Martes Santo, a los niños cruzando por primera vez esa frontera de la madurez que ha sido para tantos hermanos de San Nicolás. No quiero ver la imagen del Salvador cuando termina de pasar los Panaderos, un estercolero que es símbolo de la degradación más absoluta de la Semana Santa.

Quiero ver la Macarena en las estrecheces de Salés y Ferré con más alegría en su andar o al Calvario entre los naranjos de Miguel de Carvajal, estampas que nos ha regalado la nueva Madrugada. No quiero ver a las cofradías solas en la noche más hermosa del año, ni un atisbo de miedo en la calle por no se sabe qué ruido que rompa el silencio en San Antonio Abad y que quiebre la zancada larga del Señor de Sevilla.

Quiero ver como cada año al Cachorro por la calle Castilla, cuando la Semana Santa está a punto de expirar. Y no quiero ver el Domingo de Resurrección un titular en ABC que hable de cómo la hemos dejado morir…

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla