Concentración de sillitas en uno de los cruces señalizados en presencia de la Policía
Concentración de sillitas en uno de los cruces señalizados en presencia de la Policía

Los diez mandamientos de la Semana Santa de Sevilla

Se ha perdido el norte de lo que significa la Semana Santa, sus normas y cánones se han desvirtuado
Por  2:00 h.

La ciudad ha transgredido su propio canon del buen gusto, del buen orden y buen funcionamiento de la Semana Santa. Éstos son los diez mandamientos de la Semana Santa de Sevilla para aprender que no estamos solos en la calle, que todos tenemos derechos pero también obligaciones.

1. Santificarás las fiestas. No somos meros espectadores de la Semana Santa, somos protagonistas. La Semana Santa se celebra por nosotros. Las cofradías salen para evangelizar, para transmitir el mensaje del Señor. Algo no se estará haciendo bien cuando lo que se está transmitiendo a quienes están alejados el resto de la año de la Iglesia es la coreografía de un paso o el solo de una banda. Las cofradías no son culpables de lo que ocurre, pero sí responsables de fomentar en muchos casos lo accesorio por delante del mensaje. Si una hermandad sabe que el tipo de público al que atrae no es de calidad, debe cambiar. Si una cofradía pasa por un lugar lleno de suciedad, con gente faltando al respeto, esa cofradía debería pasar en silencio por ese sitio. El año que viene ese público ya no estará allí. Las cofradías hacen estación de penitencia en la Catedral, no a la Campana. Los cortejos no se pueden deshacer en el sitio principal de nuestro recorrido. Salirse con la túnica del cortejo en un bar es también una falta de respeto. La imagen de la hermandad eres tú, para lo bueno y para lo malo. Respeta la túnica y su significado. No vas de romería. Si tienes necesidad, hazlo con discreción.

2. No perderás los nervios. Es tu responsabilidad el buen discurrir de la Semana Santa. Si el que está a tu lado está molestándote, no te enfrentes, no generes una situación de tensión. Si el policía de turno está perdiendo los papeles, como ocurrió en la calle Pureza ante el palio de la Esperanza de Triana en la entrada, no te enfrentes, quéjate después a quien sea necesario. En ese momento estás generando una situación de alarma. Si se ha producido una pelea, o un ruido que te ha asustado, guarda la calma. No corras ni grites. Tranquiliza a quien está a tu lado y sanciona a quien esté provocando más tensión. Sigue el ejemplo de los nazarenos, que se recomponen en la fila al instante y continúan su camino. Si ellos pueden, ¿por qué tú no?

3. No vociferarás. Cuando una cofradía está pasando, quien lo hace son personas que visten bajo un hábito rezando, en penitencia. Respeta su introspección, haz comentarios en un tono bajo. Lugares como la Campana a veces se convierten en un patio de cotorras que incluso impiden que se escuche la música de un paso. Llama la atención cuando ese mismo público se calla cuando se acerca un misterio con coreografía y toda su cornetería. El murmullo ensordecedor, además, provoca alarma en una situación de tensión.

4. No beberás en la calle ni en el balcón. El paso de una cofradía no es un concierto ni un acto de mera diversión. Tiene un mensaje. Por ello, respeta el decoro de la fiesta. Beber un cubata al paso de una cofradía es una falta de respeto al acto que se está celebrando. Igualmente, salir al balcón con una copa de balón en la mano o un botellín es un acto de mal gusto.

5. No tomarás la ciudad en vano. La ciudad es el escenario donde cabemos todos, a pesar de las vallas y los aforamientos. No se puede guardar el sitio con una sillita, como si fuera la sombrilla de la playa. Las calles no son un parque donde apostarse a tomar un picnic y ver pasar varias cofradías seguidas. Las cofradías andan, se mueven. Salen a nuestro encuentro y nosotros vamos en el suyo también. Imágenes como un grupo de personas sentadas en la Puerta del Arenal haciendo un corrito con bolsas del Burger King denostan la Semana Santa.

6. No impedirás el paso. Has llegado el primero hace dos horas. Enhorabuena. Pero comprende que detrás de ti tiene que llegar más gente y, si la cosa se masifica, vas a estar más incómodo que cuando te apostaste allí. Si alguien necesita pasar, permíteselo. Si hay un hueco, por pequeño que sea, detrás tuya, permítele situarse. Si tu carrito o tu sillita están impidiendo que una persona se sitúe allí, ciérralo. No pongas tu sillita en un cruce, más aún si está señalizado para ello. Pero también, si has llegado el último, no te pongas delante. Si tienes que pasar, pide permiso y disculpas, no empujes.

7. No tirarás basura al suelo. La ciudad, como escenario, no puede ser un estercolero. Si debes tirar algo, espera a encontrar una papelera (por muy pocas que haya). Si sabes que vas a necesitar tirar algo, llévate una bolsa o pídela en el bar donde has comprado la comida o la bebida. La imagen del Salvador cuando terminó de pasar los Panaderos, por ejemplo, es símbolo de la degradación más absoluta que vive la Semana Santa. Si te apetece comer pipas, adelante. Pero tíralas en una bolsa, no en el suelo por donde ha de pasar a lo mejor un nazareno descalzo.

8. No subirás el móvil por encima de la cabeza. Otra muestra más de la falta de educación es cuando aparece un paso y se levantan los móviles para grabar en vídeo. Quien lo hace ni ve el paso ni deja que los demás lo vean. Si necesitas hacer una foto, hazla. Pero tres segundos. Si necesitas grabar un vídeo, hazlo a la altura de tu cabeza.

9. No haré mis necesidades en la calle. Es algo básico que debe cumplirse los 365 días del año. De hecho está prohibido. En Semana Santa pasar por calles estrechas provoca arcadas. Valga el ejemplo de la calle Moratín en el entorno de la Alfalfa y Cristo de Burgos el Viernes Santo por la mañana. No había un adoquín en el suelo que no estuviera mojado de orina. Y en un rincón, heces de alguien que no pudo aguantarse. No hay derecho a esto.

10. Amarás a Dios por encima de todas las cosas. En realidad es el primer mandamiento, la base de todo. La Semana Santa es la fiesta del Señor, no de los costaleros y la banda, lo cual deriva en la falta de respeto hacia las imágenes y el discurrir de las cofradías. La raíz de toda esta «desvirtuación» se sitúa cuando los actores principales dan culto a lo accesorio. Con algo tan positivo como los hermanos costaleros, sobrevino lo negativo: recorridos eternos para su lucimiento, marchas pensadas para ellos en vez de para lo que va arriba… Hay que situar a Dios por encima de lo demás.

Artículo publicado el 17 de abril de 2017

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla