EN CUARENTENA

«Los pecho-hinchados»

Son aquellos personajes que pululan por las hermandades con arrogancia en busca del protagonismo que no tienen en su vida social o profesional
Por  1:00 h.

Este artículo va dirigido a Selu García Cossío. Yo no sé a si a usted, como gran chirigotero que es, le gusta la Semana Santa. Aún así, le lanzo desde aquí una idea para que en una de las próximas ediciones del carnaval tenga en cuenta a este personaje tan característico de las cofradías de Sevilla y a lo mejor de Cádiz. Seguro que lo borda.

Es muy fácil, todo es ponerse, porque son una mezcla entre «Los enteraos» y «Los que no se enteran». Son aquellos personajes que pululan por las hermandades en busca del protagonismo que no tienen en su vida social o profesional. Lo hacen con ese aire vanidoso y arrogante de quien no manda ni en su casa pero que cuando cruza la puerta de la iglesia o la casa hermandad, se cree que ha entrado en su cortijo.

Llegan estos posturas con esa altanería, mirando por encima del hombro a todo el que se le cruza. Suelen ser los «perros» en unas elecciones disputadas, los que alimentan la gresca. La mayoría de las veces no pertenecen ni a una junta de gobierno, pero ellos creen que mandan por delegación del oficial de turno. (Ya sabe aquello de «para conocer a fulanito, dale un carguito»). Se concentran en esas áreas que no tienen nada que ver con el anonimato. Por supuesto, ni en caridad ni en formación. ¿En cultos? Lo mismo sí, saliendo de acólitos a la búsqueda de la pértiga desde el primer día que entró.

Suelen verse también por las priostías. Aunque no tengan gusto, ellos presumen de ser quienes dijeron que la vela se pusiera cinco centímetros más para allá. Su día favorito es cuando el prioste le deja coger a la imagen. No le digo nada, señor Cossío, cuando empieza el besamanos o hay salida extraordinaria de su Virgen. Entonces, se vuelven mucho más envarados. En este segundo caso, es muy fácil verlos entre la bulla –de la que ellos mismos participan–, empujando y dirigiéndose al público sin que nadie de la hermandad les haya pedido que lo hagan. Y, en el besamanos, que levante la mano quien no los haya visto moviéndose de un lado para otro, con su medalla por fuera, y llamando la atención al que lleva horas en la cola por tomar una foto o detenerse un segundo de más ante la Virgen o el Señor.

Son aquellos a los que les da coraje que alguien nuevo se apunte y comience a tomar protagonismo o, simplemente, un hermano que se acerque un día y participe con mayor peso que estos gallitos. Tanto, que le hacen la vida imposible para que no le hagan sombra.

También van debajo de los pasos. Quizá sean los más conocidos, pero no los únicos. Se ponen esos costales llamativos, sus tirantas, sus cañas con medias de fútbol, a la moda costalera. No entienden de compañerismo y ponen verde al nuevo que llega a la cuadrilla cuando le pisa un poquito: «Ése es un croqueta», suelen decir a las espaldas.

Señor Cossío, yo le lanzo la idea, le avanzo el tipo –engominado y patillas anchas y en pico–, y me atrevo hasta a darle el nombre (sin copyright ni nada): «Los pecho-hinchados». 

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla