Sombra proyectada de unos nazarenos / J. M. SERRANO
EN CUARENTENA

Los senadores

«Son los que determinan cuál debe ser el debate y la ordenanza, los que tienen tomado el pulso a la ciudad y quienes censuran todo aquello que se salga de su endogámico microcosmos»
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Pertenecen a una élite de cofrades preclaros. Van por las redes sociales retroalimentándose unos a otros, marcando cuál es la corriente de opinión válida. Son los senadores, los que determinan cuál debe ser el debate y la ordenanza, los que tienen tomado el pulso a la ciudad y quienes censuran todo aquello que se salga de su endogámico microcosmos. Por supuesto, ellos no son capillitas, les gusta la Semana Santa, en particular la de la película de Gutiérrez Aragón y Juan Lebrón. Todo comienza cuando al rey negro se le ve la espalda. Antes, todo debate es superfluo y propio de la sociedad del consumismo. Y, aunque la «precuaresma» acerca los gozos, aún es un periodo ordinario en el que la «prensa morada» estira el chicle. Ellos no ven ni una procesión extraordinaria.

Los senadores tienen en su mesita de noche «Teoría y realidad», la biblia de las cofradías. La sacan el Miércoles de Ceniza, después de que les recuerden que son y se van a convertir en polvo. En sus concilios, sacan a relucir anécdotas (que nunca han tenido) con personajes del mundo de las cofradías que ya no están con nosotros y que sí eran élite. «Después de Don (ponga el nombre que quiera) no ha habido nadie que…». En sus cofradías, por supuesto, nunca han tenido aspiraciones. Jamás han querido pertenecer a la junta de gobierno y menos ser hermano mayor. «Me lo pidieron…», dicen aquellos que sí lo fueron. Su puesto favorito en la cofradía es nazareno de tramo donde corresponda por antigüedad, de hecho, tienen un mantra: «El hermano con cirio es el que importa, los demás son figurones». (Por supuesto, ninguno de ellos va de costalero, diputado de tramo o en la antepresidencia ni se les pasa por la cabeza).

¿El Pregón de la Semana Santa? Son enemigos del ripio pero también de la homilía (hasta que designan a un amigo, a quien le dan gloria en público y en privado van diciendo que es un pestiño). Por supuesto, critican al que se exhibe en los pasillos del teatro (aunque ellos llegan media hora antes para saludar a la gente). Están saturados de tanto pregón de tertulia o cartel (hasta que les toca a ellos).

En Semana Santa no puede sonar nada que no sea Braña, Farfán o Font de Anta. Lo más moderno… Pedro Morales. Y al misterio, «Cristo del Amor» y, como mucho, «Requiem». Centuria es la única banda de cornetas y tambores. No les gusta el izquierdo por delante, sólo el que hacía Juan Vizcaya en San Gonzalo. De hecho, ven un paso yendo al compás, y se van indignados. No les gusta nada, pero nada (hasta que llegan a casa y se ponen un vídeo de Youtube del Tres Caídas en la Campana y en Spotify el último disco de Dos Hermanas).

Todos ellos son de cofradías de ruan, aunque su hermandad de siempre (que nadie lo sabe) sea del estilo que critican en público y no ven en Semana Santa porque son «selectivos». Los barrios de verdad son Anchalaferia y San Bernardo, aunque ya va cogiendo sabor el Tiro de Línea, que aunque es nueva y el Cristo no es del XVII, tiene un no sé qué que qué se yo. Lo demás, es populachero. Ninguno de ellos se emociona con la salida del Cerro y mucho menos van a ver una de vísperas. Esos días días prefieren los traslados del Valle y el Calvario (aunque es muy probable que te los encuentres haciendo un experimento social en alguno de esos barrios).

Son los senadores, defensores de la pureza cofradiera y de la sevillanía…

 

Otros personajes de la fauna cofradiera…

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Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla