Vallas en el arco del Postigo preparadas para la coronación de la Paz / JOSÉ JAVIER COMAS RODRÍGUEZ
Vallas en el arco del Postigo preparadas para la coronación de la Paz / JOSÉ JAVIER COMAS RODRÍGUEZ
EN CUARENTENA

Esto no es San Fermín

«En esta Semana Santa del siglo XXI, la de las vallas y las vías de evacuación, el control absoluto lo tiene ya la Administración»
Por  0:07 h.

La Semana Santa que nos ha tocado vivir en estos tiempos vive en un estado de alerta constante. Existe una psicosis colectiva, interiorizada en cada uno de nosotros, a que pueda pasar algo, y cualquier chispa acaba prendiendo la mecha como ocurrió en la Madrugada del año pasado. Cierto es que una gran parte de los sevillanos no se creen la teoría oficial del efecto dominó, pero verdaderamente todos asistimos a un episodio de pánico transmitido por el sonido y sin que nuestros ojos vieran lo que estaba ocurriendo. Nadie vio nada y todo es especulación. Esto, que lleva sucediendo desde la fatídica Madrugada del año 2000, ha hecho que las autoridades replanteen la forma de actuar y lo que antes era una fiesta del pueblo, con cabida a la improvisación, ahora todo está marcado, medido e incluso aforado. 

Todos tenemos la culpa, hemos dejado escapar el componente popular de la fiesta por algo mucho más automatizado, donde lo accesorio ha cobrado el protagonismo por encima de la verdadera esencia y hemos perdido el control. En esta Semana Santa del siglo XXI, la de las vallas y las vías de evacuación, el bastón de mando absoluto lo tiene ya la Administración. Las cofradías en la calle han pasado a ser elementos a proteger y no a arropar. Y al público, por qué no decirlo, se le considera agente de riesgo, muchas veces con razón por la absoluta falta de respeto que el pueblo le tiene a la fiesta y por lo que pagan justos por pecadores.

La sociedad no es la misma y la seguridad debe ser un elemento primordial, eso es indiscutible. Pero aquí debemos plantearnos un debate sobre qué es verdaderamente la Semana Santa y cuáles son los límites en materia de seguridad que deben aplicarse, quizá no tanto en el fondo como en la formas. A la Semana Santa del siglo XXI le hacen falta muchos policías, le hacen falta vías de evacuación porque hemos comprobado que, efectivamente, suceden situaciones peligrosas. Pero esto no es San Fermín. Sierpes no es Estafeta ni una cofradía es una manada de miuras con trescientas personas corriendo delante. Los agentes no tienen que intervenir para salvar la vida a alguien del público ante una posible cornada. El paso no va buscando atropellar al público. Y los horarios están para cumplirlos, pero esto no es una contrarreloj. Un policía no puede coger a nadie del cuello para salvar una hipotética situación de riesgo como si el público fuera un grupo ultra yendo al campo rival.

Es indigno que se vacíe una calle. Las cofradías no salen a pasear sus lujosos pasos, con coreografías perfectas como si de un concierto de Justin Timberlake se tratase. Lo hacen para dar un testimonio de fe de forma pública y es ahora, precisamente, en una sociedad irrespetuosa, cuando cobra más sentido esa función evangelizadora. Las hermandades tienen mucha culpa de que el componente religioso haya perdido todo el peso en pro de la música, el andar costalero, el exorno floral y el chantilly que le han puesto este año a la Virgen. Han favorecido un espectáculo que invita al protagonismo del ‘comepipas’, al del móvil grabando a la banda, al que no cierra el carrito, a la familia que va a ver una cofradía como si estuviera en la playa con su silla y su tortilla de papas, o al niñato que se dedica a hacer botellón. Pero nada de esto justifica que al pueblo se le impida acercarse a una cofradía o que a un agente que cumple órdenes se le pase por la cabeza utilizar la fuerza contra una persona que en ningún caso está poniendo en peligro a nadie. Pensemos bien en qué queremos que se convierta la Semana Santa y, aunque sepamos que ya nada es lo mismo, al menos que le dejemos la fiesta a nuestros hijos lo más parecida posible a como la heredamos.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla