Naranjos y la Giralda en primavera / J. M. SERRANO
EN CUARENTENA

Primavera

Por  0:26 h.

A ti, mi eterna primavera

Amanezco hoy contigo. Me ha despertado un haz de luz que se colaba por la ventana. Descorro la cortina y te veo pasar, seductora. Me asomo corriendo al balcón y hasta me alcanza el olor de tu perfume. El aire llega como una caricia, un beso de buenos días, y tu belleza hasta hace vibrar la arboleda, esa verde humareda que cantaba Machado. Salgo a la calle y allí estás, esquiva. Voy tras de ti. Quedo cautivo de ese contoneo. Suspiro. Veo tu reflejo en el rocío de la última noche del invierno. Tu vestido es celeste inmaculado, y vas derramando un rastro de hojas blancas de naranjo impregnadas de tu colonia. Te busco por los callejones, y vuelvo a encontrarte en la plaza, bajo los magnolios que dan sombra a Murillo. Contemplo tu silueta en la cal de una capilla y vuelves a desaparecer. Suena una melodía, como una zambra que evoca al azul y plata de San Julián.

Y ya estás ahí, a la vuelta de la esquina. Pero vuelves a escaparte. Me vas llevando de un sitio a otro de paseo. Sin darme cuenta, estoy en el kilómetro cero, la puerta del sol de Sevilla. Un lugar multicolor, rodeado de paraísos azules y morados como el poniente de la tarde, de buganvillas que se aferran a las fachadas regionalistas. Es el cauce de un río que, en apenas veinte días, se llenará de plata, y de oro, verde, azul, violeta y blanco, sobre todo blanco, los siete colores de un arco iris llamado Domingo de Ramos.

Cruzo la arboleda del parque y llego al jardín, cansado. En esa cumbre de flores hay doce palomas que revolotean. Y de nuevo azul y plata… esa banda sonora. Ahora evoco el Martes Santo. Allí está otra vez Murillo y el lienzo lo garabateo en mi mente: una luz serpenteante que atraviesa el oscuro bosque, junto a una almena. De repente, un olor a jazmín. Allí estás tú, murmurándome el verso de Aurelio Verde: «Hay un milagro que espera…». Me pierdo por el barrio de Santa Cruz persiguiendo ahora un bando de golondrinas: el agua en una fuente. Con la frente en la mano, un fantasma que vuelve: Cernuda.

Sigues llamándome junto a la gran torre. Y todo me lleva a ti, hasta que acaba el juego en la plazuela más hermosa de la ciudad. Ya te tengo cara a cara. Me abrazas, te beso… el dulzor de tus labios. Y entonces, me musitas como un susurro en el oído: «Soy la Primavera».

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla