El presidente del Consejo, Joaquín Sainz de la Maza / J. J. COMAS

Saber irse

Sainz de la Maza deja herida una institución que representa a todas las hermandades de Sevilla, que no merecen la imagen que se da de ellas, las conspiraciones ni los espías que revolotean alrededor
Por  10:40 h.

El Consejo de Cofradías lleva demasiados años envuelto en la polémica. Una institución que en la práctica es mera representación de las hermandades y cuya autonomía, más allá de la mediación, pasa por la organización de la Semana Santa, el reparto económico y la elección de pregoneros y cartelistas. Sin embargo, un órgano que debería ser gestionado con diligencia, transparencia y discreción, ha sufrido dos ceses de presidentes en poco más de un lustro. El último episodio es la desafortunada salida de Joaquín Sainz de la Maza. Un hombre que fue un importante empresario y hermano mayor de la Macarena que llegó al Consejo con el ánimo de recuperar una institución cuya imagen estaba por los suelos desde hacía años.

Sainz de la Maza no necesitaba grandes proyectos para rescatar al Consejo de las habladurías y su decadencia. Necesitaba una gestión seria. En lo económico, ha sido un éxito, ya que no sólo no han disminuido los ingresos sino que han aumentado y se han cortado algunos dispendios de antaño. Sin embargo, otras gestiones han fracasado estrepitosamente como fueron la propuesta de modificación del Vía Crucis de las Cofradías o la idea revolucionaria de cambiar la Carrera Oficial que se ha ido diluyendo en el tiempo hasta convertirse en un bluf.

Más allá de la gestión, el problema pesaba sobre el presidente en lo personal, una situación que ha llevado al Arzobispado a forzar su marcha. Y por lealtad a la institución que preside y al Arzobispado en concreto, la resolución debería haber sido de una forma más elegante. En nuestra sociedad es difícil encontrar casos de gestores en la vida pública que han sabido irse. La mayoría acaban yéndose por la gatera. Sainz de la Maza tenía motivos para dimitir cuando su gran proyecto de reforma de la Carrera Oficial ha fracasado.

Ahora deja herida una institución que representa a todas las hermandades de Sevilla, que no merecen la imagen que se da de ellas, las conspiraciones ni los espías que revolotean alrededor en busca de un cargo o en represalia por no conseguirlo. Dentro hay gente válida para reflotar el barco, pero no debe propiciarse una situación como la ocurrida cuando se marchó Adolfo Arenas, con dos años de interinidad por delante. A rey muerto, rey puesto, pero a través de las urnas.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla