Costaleros / PASION EN SEVILLA
EN CUARENTENA

«¡Al cielo con Krishna!»

Por  0:10 h.

Ese capataz, enlutado de traje y de voz, que llama al martillo y arenga a sus pateros: “Esta asana va por todos los yoguis del mundo: ¡al cielo con Krishna!” Y el paso, majestuoso, que se eleva como un resorte gracias a la compenetración entre el cuerpo, la mente y el espíritu de sus costaleros, adiestrados en las técnicas de concentración del yoga. ¿Que a usted le parece todo esto un disparate marca de la casa, la típica majaretada que este humilde autor perpretra todos los años por Cuaresma? Bueno, bueno…

De momento, ya hay programas específicos de yoga para costaleros centrados en la “preparación física y mental de los costaleros para favorecer un trabajo seguro y de recogimiento bajo las trabajaderas”. Los costaleros, a través de la meditación, ganarán en “concentración y calma en situaciones difíciles de cansancio y dolor”. Y mediante técnicas de respiración lograrán “energizar el cuerpo”, melifluo verbo por el que asoma la patita el sincretismo religioso y la conciencia cósmica universal.

“Realizar un trabajo de conciencia que permita la conexión del cuerpo, mente y espíritu, a través de la respiración para crear ese espacio de silencio que permite entrar en lo más profundo del ser”, remata la nota divulgativa con que se anuncian los cursillos para costaleros. Nada de esto lo censura la Iglesia, por supuesto, pero despide un vago tufo a espiritualidad “new age” contra la que las hermandades harían bien en estar prevenidas si no quieren correr el riesgo de que se desvirtúe el culto en la calle que dictan sus reglas.

Esto, que no pasa de ser una caricatura si se quiere, encierra una reflexión más honda para nuestras hermandades. Porque esa conexión entre cuerpo, mente y espíritu tiene un nombre en la ascesis cristiana: se llama contemplación. Y da la casualidad que los místicos castellanos la elevaron a las cimas más altas de la experiencia religiosa y de la literatura. Así, del tirón. Que todo ese tesoro de siglos corra el riesgo de perderse debería movilizar a todos, empezando por las juntas de gobierno: ¿por qué nos suena a disparate hacer una hora de adoración para la cuadrilla antes de la salida y no nos suena contradictoria la alineación de los chacras para soportar el dolor físico bajo la trabajadera?

Quién sabe si todo este tiempo hemos estado corriendo en el sentido contrario. Y en vez de avanzar en la dirección que marca el mundo -botellines van y botellines vienen, bocadillos para alimentar el cuerpo, comodidades mundanas-, no tendríamos que dar la vuelta y propiciar sin miedo un acercamiento lo más místico posible a la estación de penitencia. Quizá en vez de exóticas asanas y tanta palabrería hueca, lo que nos falta es escuchar de nuevo a Santa Teresa: “Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta”.

Javier Rubio

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