Bulla en Amor de Dios en Semana Santa / PEPE ORTEGA
EN CUARENTENA

#BullaMeToo

Por  0:05 h.

¿Qué pasaría si una joven publicara en su perfil de las redes sociales una nota denunciando los toqueteos y las aproximaciones libidinosas sin consentimiento en la bulla, por ejemplo, del Salvador? ¿Qué sucedería si una mujer relatara con pelos y señales los restregones inapropiados a los que se expone en según qué sitios en las entradas a deshora en las madrugadas? ¿Qué grado de apoyo tendría una etiqueta que por las redes sociales parafraseara la campaña contra el acoso sexual a mujeres que ha prendido entre las estrellas de Hollywood trasponiendo situaciones indeseables a nuestras fiestas primaverales?

No hace ni un mes, el mundo islámico se conmovía con la denuncia de una joven paquistaní que denunciaba los tocamientos y otras formas de acoso sexual en la peregrinación santa del Islam a La Meca a manos -no es lenguaje metafórico en este caso- de varones que aprovechan las multitudes para la intromisión ilegítima en la esfera personal de sus víctimas del sexo contrario a pesar de la separación en las vueltas rituales a la Kaaba en que los musulmanes veneran la sagrada piedra negra que el arcángel entregó a Abraham, según su propia creencia. Y así nació el movimiento #MosqueMeToo

No hace falta ninguna investigación sociológica subvencionada por ningún observatorio transversal femenino para toparse con la realidad de los “manoslargas” y los “sobones” que en toda época y circunstancia se han aprovechado del anonimato que les brinda la multitud para propasarse con las féminas. Las faltas de respeto en mitad de la bulla, cuando las leyes físicas de la impenetrabilidad de los cuerpos quedan suspendidas, han dado lugar a figuras arquetípicas como la del “rabino” que, con intención lujuriosa aproxima sibilinamente su cuerpo al de una mujer desprevenida con el mayor descaro sin necesidad ni rubor algunos. O el mirón que entretiene el paso de los nazarenos lanzando miradas cada vez más descaradas al escote de la que tiene a su vera. O el novio acaparador, ese tipo que abarca a su dama con los dos brazos caminando inmediatamente a su espalda y que da más codazos por la calle Francos que Sergio Ramos en un saque de esquina, dispuesto a encararse con el primero que se le cruce en su arrollador camino protector.

Todo lo dicho aquí no es más que un ejercicio de prospectiva, por supuesto, pero denle tiempo al tiempo. La tolerancia cero en las bullas de Semana Santa está al caer. Con sus etiquetas de redes sociales, sus pegatinas municipales, sus carteles promovidos por las concejalías de la mujer, sus consejos de autoprotección del Consejo y lo que haga falta: paga el contribuyente. #BullaMeToo está a la vuelta de la esquina: ¡si lo sabrán ellas!.

Javier Rubio

Javier Rubio

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