Penitentes detrás del Cristo de las Almas de los Javieres / JESÚS SPÍNOLA
Penitentes detrás del Cristo de las Almas de los Javieres / JESÚS SPÍNOLA
EN CUARENTENA

Imagina tu Semana Santa perfecta

Por  1:42 h.

El mensaje en el buzón electrónico era directo e inquietante: “Javier, imagina tu Semana Santa perfecta”. Recibir ese correo electrónico en plena Cuaresma es una invitación a dejar volar la imaginación, claro que sí, pero no en la dirección que se propuso el creativo de agencia que ideó la campaña publicitaria para Paradores. Así que voy a hacerle caso al mensaje y ya que estamos, comparto con todos ustedes la que imagino mi Semana Santa perfecta.

En esa Semana Santa ideal caben los que caben y ni uno más. ¿Que quién cabe? Todo el que sabe comportarse, que es la manera clásica de decir el que no fastidia al vecino. Vayan tachando de la lista, que nos vamos a quedar solos: el que pega voces, el que da carreras, el que va en pandilla cogido de la mano con siete más, el que se pone delante del paso y no hay quien lo eche de allí, el que tira las cáscaras de pipas al suelo delante de los nazarenos, el que propala bulos y atemoriza, el que se sienta a presenciar el espectáculo, el que aplaude a destiempo, el que se lía a codazos en medio de la bulla remontando la corriente, el gamberro, el que no deja cruzar a nadie porque llegó antes, el que se empeña en cruzar porque llegó tarde, el que exhibe la copa balón en mitad de la acera, el que saca el teléfono para sacar la foto que nunca más volverá a mirar, el que sisea en medio del silencio mandando callar, el chulángano, el que empuerca la Carrera Oficial, el que aparca encima de la acera, el que deja la moto obstaculizando el paso de los peatones, el que aparece en pantalón corto, el que echa por delante a la parienta y los niños para abrirse paso, el que se siente con todos los derechos, el que desprecia a los que son menos ágiles o más torpes que él, el que se las da de sabihondo y no se calla ni debajo del agua, el que cangrejea como si estuviera solo en el mundo y el que se las da de exquisito.

Mi Semana Santa perfecta no existe, ya lo sé. Ni siquiera era perfecta cuando chico. Lo que pasa es que el recuerdo sublima todo lo positivo que había entonces y olvida los detalles menos favorecedores. Pero, en líneas generales, todos somos deudores de aquella idealización de nuestra infancia; de la adolescencia, como mucho. Y en esa ensoñación seguimos: imaginando una Semana Santa que nunca ha existido, porque la Semana Santa es del todo imperfecta como nosotros mismos. A Dios gracias, por otra parte.

Javier Rubio

Javier Rubio

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