Cristo de la Vera Cruz / M. J. RODRIGUEZ RECHI

Público/privado

Sólo hace falta presentar a la Vera-Cruz como lo que no es: una hermandad rica y poderosa
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A uno lo ganó definitivamente la Vera-Cruz el año aquel de la lluvia que se plantó en la calle con la reliquia del Lignum Crucis y todos los nazarenos, uno detrás de otro, apretando el paso para ir y volver de la Catedral antes de que volviera a caer un chaparrón. Aquel gesto de 2012, que dice tanto de la hermandad y de sus rectores como de la cofradía, me desarmó. Es verdad que hubo quien lo interpretó como parte del inevitable «folklore negro» que algunos ven revolotear entre los pliegues de las túnicas de ruán, pero seguro que la mayoría de quienes reprocharon que la cofradía cumpliera estación de penitencia con el único titular de la hermandad inmune a la lluvia no contemplaron el rigor y la humildad con que fueron y vinieron. El mismo con el que se manejan por la vida incluso en el proceloso mundillo cofradiero, tan dado a las modas, las olas, los aspavientos y las salidas de tono.

Ahora me vuelvo a tropezar con Vera-Cruz, a la que han metido por medio para darle en la mejilla las bofetadas que iban dirigidas a Zoido, seguros de que su afán por seguir con escrúpulo el precepto evangélico les obligaba a poner la otra mejilla para seguir recibiendo guantadas. Y no, no es eso. El rifirrafe político habitual, agravado con la excepcionalidad de la campaña electoral, ha buscado presentar a la hermandad como una partida de aprovechados con la maña suficiente como para engañar a la Gerencia de Urbanismo y hacerse con la concesión de los Baños de la Reina Mora por 25 años después de que el Ayuntamiento los restaurara. ¡Ay si las piedras hablaran! ¡Y los telefonillos de los vecinos, que nos íbamos a llevar más de una sorpresa!

Es lo que tiene el urbanismo morado, al que todos los partidos políticos recurren cuando gobiernan y del que todos abominan cuando se sientan en la oposición. Para ello sólo hace falta presentar a la Vera-Cruz como lo que no es: una hermandad poderosa y rica. Todo lo demás es dejar caer un bulo por la pendiente abajo y esperar que la bola vaya creciendo hasta llegar al punto donde se quería llegar: las cofradías, esa rémora del progreso material de la ciudad a la que le chupan la sangre. ¡Pero que es la Vera-Cruz, almas de cántaro! ¿Tan lejos están de la médula sevillana como para que no les hayan dado nunca la oración de San Francisco a las puertas de la capilla? «Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde hay odio, ponga yo amor». Y venga a hablar de los pobrecitos míos como si fueran unos potentados.

Así, desde luego, no se puede construir un debate instructivo sobre la colaboración público/privada para darle utilidad a decenas de edificios que la Administración retiene en sus manos sin saber qué hacer con ellos, pero a salvo -eso sí- de concesiones «nada claras». Si la que acomete la cesión es la Junta de Andalucía en las Atarazanas después de invertir una morterada, se aplaude la iniciativa. Si lo hace el Ayuntamiento de Zoido, palos a la Vera-Cruz. Total, si no se van a quejar… Que tomen su cruz y sigan.

Javier Rubio

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