Un hermano mayor anuncia la suspensión de la salida por la lluvia
Un hermano mayor anuncia la suspensión de la salida por la lluvia
EN CUARENTENA

Qué bien que no lloverá

Esos abrazos llorosos de los nazarenos jóvenes, esas voces entrecortadas de los hermanos mayores anunciando que se cancela la estación de penitencia, esos besuqueos pegajosos de los costaleros…
Por  0:09 h.

El primer pronóstico meteorológico para la Semana Santa es favorable. Qué bien. La última vez que un servidor bromeó con los aguaceros, llovieron improperios como chuzos de punta. Así que si se cumple la previsión -obligadamente aproximada dadas las fechas que todavía faltan- y todos los días se salvan de la inclemencia meteorológica, nos ahorraremos unas cuantas escenas patéticas a las que tan dados somos en los últimos tiempos.

Apuntemos en el debe de los medios audiovisuales el creciente recurso a la espectacularidad y a la emotividad como pilares en los que sustentan su relato de la Semana Santa. Sin lluvia a la vista, se enfrentan a una terrible paradoja: no hay expresión pública de las emociones a las que recurren como motor de la religiosidad popular. Los sentimientos se los guardan los espectadores en el corazón y los nazarenos bajo el antifaz. Si todo transcurre con normalidad, la cofradía sale y entra, los músicos tocan y los costaleros mecen los pasos, no hay noticia. Casi como con los toros: sólo hay reseña televisiva si media cornada por medio.

Por eso, en cuanto se anuncia el parte meteorológico con las nubes entrando por Ayamonte, se las prometen tan felices: ante ellos se levanta el telón de los emociones con el que se banquetean a tutiplén. Esos abrazos llorosos de los nazarenos jóvenes, esas voces entrecortadas de los hermanos mayores anunciando que se cancela la estación de penitencia, esos besuqueos pegajosos de los costaleros… Tampoco falta nunca el músico con la gorra forrada con la bolsa de plástico, el familiar con un nazareno a cada lado bajo el paraguas cruzando el charco ni la devota con los ojos arrasados en lágrimas. Al menos ella tiene disculpa: derrama su llanto por el tiempo cruel que acaso le impida contemplar la escena el año que viene.

Y las excusas, claro, que ésa es otra: está ya tan visto lo del patrimonio humano de la hermandad… Y las probabilidades con sus porcentajes, mejor dejárselas a quien tenga un mínimo conocimiento de estadística porque si no, se dice cada tontería…

Así que mejor que salga el sol y todos contentos. Qué bien que no lloverá.

Javier Rubio

Javier Rubio

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