Pura y Limpia del Postigo por una Avenida de la Constitución abarrotada / RECHI

Pura, limpia y necesaria

Las luces confunden a un transeúnte imbuido por ese espíritu centroeuropeo de abetos nevados y gorditos de colorado, ayer la Purísima enseñó el verdadero tiempo en el que se encuentra el tiempo.
Por  1:40 h.

Un bullicio que inunda las arterias principales que permiten acceder al centro convierte en prácticamente imposible el tránsito de personas que van al casco histórico a vivir su particular Navidad. La Avenida de la Consittución es un atasco humano. Las luces de colores, el espectáculo de la plaza de San Francisco o los escaparates de las grandes firmas comerciales montan un escenario proclive para que el sevillano acuda a la llamada de esa celebración que ha alcanzado la desfiguración del tiempo actual en el que vivimos, la ilusión del todo vale.

Es de reconocer la importante labor de estos últimos ayuntamientos que han buscado en estas fechas su tercera pata festiva donde impulsar el turismo, el centro está a rebosar y eso es muy bueno, pero ¿qué se celebra? Caminando por cada calle encuentras bolas, sí, muchas bolas; luces con forma de flores o estrella y hasta ángeles trompeteros por la Plaza del Salvador. Un árbol gigante capitaliza el entorno de la Plaza Nueva ante la fachada consistorial, allí todos quieren fotografiarse, es la estampa preferida. Desde el otro lado del Ayuntamiento, cruzando un arquillo que aún no tiene instalado el belén, encuentras una espectacular escena de luces y sonidos discotequeros con tres bolas, sí, más bolas. Todo es un idilio para niños y mayores, el centro está como nunca, pero cada año llega la misma cuestión a la mente de un servidor: vuelve a faltar lo puramente verdadero, Dios. Al menos, la feria del belén de la Plaza del Triunfo pone hilos musicales con villacincos de siempre, nada de ‘Jingle Bells’…

Pero el 6 de diciembre algo vuelve a suceder entre la gente. Pasó porque muchos se la encontraron y no sabían ni lo que era. Para muchos es Navidad, para el cristiano es la víspera de la Inmaculada; es adviento. Las luces confunden a un transeúnte imbuido por ese espíritu centroeuropeo de abetos nevados y gorditos de colorado. Ayer la Purísima enseñó el verdadero tiempo en el que se encuentra el tiempo.

Iba camino de una vigilia que reunirá hoy a miles de jóvenes en torno a la Inmaculada, cruzó por calles plagadas de personas cargadas con bolsas de regalo que pararon un segundo su impulso ‘ansiosonavideño’ para ver pasar a la virgen, esa virgen que enseñará el camino del nacimiento que se vivirá en dos semanas, cuando la Esperanza haga de pórtico inigualable a la verdadera Navidad. Escuché a niños preguntar a sus padres «¿por qué salía esta virgen ahora?» Muchos no supieron responder, al menos la vieron pasar. Otros sí lo hicieron: «Es la Pura y Limpia del Postigo, pasado mañana es su fiesta». El niño asentía sonriente mientras la observaba marchar con la música. El 6 de diciembre, una procesión nunca llegó a ser tan necesaria como esta. La necesidad de hacerlo habitual a los ojos de todos, como cada día del año se hace visible en esa capilla del Postigo, fue el verdadero sentido de tener a ‘la Pura’ en la calle. Aún no es Navidad, aunque así te lo digan. Al menos, siempre nos quedará la Purísima.

Javier Comas

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