La calle Alcaicería un día de Cuaresma / J. M. SERRANO
EN CUARENTENA

Tu frialdad

Por  0:15 h.

Debe ser cosa de las cuaresmas tempranas y de la carrera oficial que marzo le ha puesto a las borrascas para que entren por parejas nombradas y de riguroso ruan desde la Azores, ocultando el sol que nos calienta el ánimo, pero siento este año una extraña sensación en la ciudad ante la inminente llegada de la Semana Santa. Cierta frialdad.

Es algo sutil. Muchos ni siquiera lo habrán advertido porque estarán metidos en los preparativos de los pasos, en el fundido de la cera, en los cultos, en los dispositivos; en el trasiego de túnicas, en los ensayos y en el cumplimiento de los ritos de la fecha. Como hay que estar: acuaresmados. No, no es eso. Lo que intento transmitir trasciende a lo cofradiero. Y lo siento con tal tormento en el alma que susurraría a la ciudad la letra de aquella canción de Triana: “Tu frialdad”.

Serán suposiciones mías, pero la ciudad parece lanzada por inercia hasta el destino de otra Semana Santa con cierta apatía, con reparo o con respeto (que no miedo). Y ya este domingo es el del Pregón. Busco motivos que me aclaren la desazón con la que intuyo este vivir distinto de la ciudad del tiempo de vísperas que con tanto ánimo siempre celebraba y he encontrado otras claves más allá de las meteorológicas. Quizás, haber hablado tanto de la seguridad tiene su culpa. O eso que hemos leído de que las hermandades “quieren estar menos horas en la calle” (otro extraño síntoma). Posiblemente estemos en un final de ciclo, pagando los excesos del pasado, dispuestos a encontrar el deseado equilibrio de todos los registros que rodean a la gran celebración en la ciudad.

En la calle observo y escucho una constante banda sonora de las ruedas de los trolleys rebotando en las aceras. El turista, que ha tomado ya de forma permanente el protagonismo en las calles en cualquier época del año, llegará en masa para estrenar, como marca la tradición del Domingo de Ramos, la “temporada alta”, que ya no se diferencia de la baja. La ciudad parece estar disfrutando más del negocio inminente que de la expectación que ella en si misma generaba para su particular consumo sentimental por estas fechas. Y se me viene a la cabeza el amigo que me dijo que ha “dejado” las sillas de Sierpes a un conocido. Y cantan los carteles que se alquilan balcones. Recuerdo a otro que me dijo que este año se irá de viaje porque ha alquilado su casa durante la semana, porque con ello gana una cantidad de dinero a la que no puede negarse… Primero las sillas, luego los balcones, después la casa… ¿Terminaremos alquilando nuestra Semana Santa?

En estas estaba que decidí salir –qué importa la lluvia- para darme una vuelta. Agenda de actos en mano, salí a buscar la Pasión para saber si la ciudad vive para nosotros como todos vivimos para ella. Necesitaba pasear por la Alcaicería, para oler a incienso y ver salir capirotes. Salir a contagiarme o a vacunarme contra la frialdad… que ya no sé si es suya o es mía.

Juan José Borrero

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