Prohibido circular pasos a más de 10 metros / AGUSTÍN ISRAEL VARELA
EN CUARENTENA

No tinc por

Por  0:14 h.

Sólo por una vez, se ha dicho, y ha pensado en la tilde de sólo porque no teme a los académicos, no saldrá en su paseo matinal del domingo de Ramos con el traje de estreno. Lo ha dejado para el mediodía. Para la mañana, camiseta reivindicativa. Con lema, que está de moda, y hasta en catalán, por aquello del acercamiento de lenguas. A ver si es posible la convivencia. No tinc por en la camiseta; vaqueros y zapatillas para vivir la mañana de la ciudad donde relucen los soles en el cielo y en los corazones.

No tinc por. Y no ha mirado al cielo ni ha consultado el dichoso parte meteorológico. No tiene miedo a que un par de nubes que hay en el cielo le amarguen la jornada y no tiene necesidad de pedir un parte meteorológico cada cinco minutos. Ha salido temprano a besar el aire de una ciudad que se estrena a sí misma. Ha apagado el móvil, no tiene miedo a estar desconectado, ni a estar ilocalizable: más temor le provoca estar ser siempre un número que se mueve entre las colas de los besamanos o una ubicación que se desplaza entre iglesias y capillas.

Ha entrado en un templo. Ha rezado y ha soñado. Ha besado madera que le hace comulgar con la divinidad misma y ha comulgado la divinidad misma después de escuchar el Evangelio. “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo, y el que teme no es hecho perfecto en el amor”. Amor en madera hecho Pasión y hecho carne para continuar su paseo de domingo. Ha creído en Dios y en la ciudad, sin complejos, que muchos no creen en nada, pero temen a todo. Ha esperado colas en los templos sin miedo a las apreturas. Ha comprado la prensa sin miedo a los pronósticos de lluvia ni a las cifras de turistas. Ha tirado a la papelera las paginas del periódico que indicaban los lugares conflictivos de la tarde. Siempre ha visto cofradías en Francos, en la Alfalfa o en sor Ángela. Sin miedo. Y lo volverá a hacer.  Ha opinado sobre el montaje de los pasos sin miedo a los gurús de la estética, que ya dijo Tomás de Aquino que sólo hay que temer al hombre de un solo libro.  Ha desayunado, cómo y dónde ha querido, sin miedo a ser tachado de moderno por unos o de rancio por otros. Ha llamado guapo a algún Cristo de madera y hasta a algún nazareno de primera hora, que la belleza no entiende de sexos; guapa a alguna Virgen y hasta a alguna no tan virgen, porque no tiene miedo a ser tildado de acosador y sabe dónde está el límite de sentido común y del respeto. Ha opinado con moderación y hasta ha criticado a las autoridades civiles, a las eclesiásticas, a los influencers y hasta a los físicos de partículas meteorológicas, que ya se lo dijo un lobo estepario: cuando se teme a alguien, es que a ese alguien le hemos conferido poder sobre nosotros.  Se ha colgado todos los lazos y los sellitos de cada hermandad porque no tiene miedo a que lo tilden de capillita, que ya nadie entiende si el rosa es por una cosa o el amarillo es por independencia o por hacer el cumplir el refrán de no hay campo sin grillo ni hortera sin amarillo…

Varias horas en la calle sin miedo al sol, ni al agua, ni a las bullas de mañana de domingo, ni a los pisotones, ni a los benditos niños dando empujones, ni a que se escapen los globos al cielo, ni a los carritos de bebé, que también tienen sus derechos, ni a los tacones de aguja, ni a los atentados terroristas, ni a los que no saben de cofradías, ni a los que no saben moverse por la ciudad, ni a las vallas antivalancha, ni a las alertas por aglomeración, ni a las cámaras de seguridad, ni a los sentidos únicos, ni a las horas que le quedan por delante cuando se ponga el traje de domingo… Hasta ha bebido, con moderación, y en un bar, afortunadamente abierto. Se ha sentido en comunión con la ciudad cuando ha correteado por la rampla del Salvador como si fuera un niño más. Una y otra vez. No se ha dado cuenta, pero muchos le han seguido, porque no tienen miedo.

Crecido tras hacerle el amor a la ciudad, no ha dudado en subirse a los pies del monumento a Montañés, con su camiseta reivindicativa en el pecho. Y no ha podido evitar un pregón que ha sido cualquier cosa, menos íntimo:

Sevillanos: ¿Estáis puestos? ¿Estáis dispuestos a oír el Silencio y a silenciar las megafonías? Mirad que para quien tiene miedo, todo son ruidos ¿Estáis dispuestos vivir en Paz? ¿Estáis dispuestos a vivir el día, el atardecer y la noche cerrada? ¿A sentir la Esperanza? ¿A vivir el Amor? ¿A convivir con Humildad? ¿A contemplar las Estrellas? ¿A vivir con Pasión? ¿Estáis dispuestos a que la Semana Santa sobreviva a los verdugos que la acechan? Vivid sin miedo, que a los verdugos se les reconoce siempre porque tienen cara de miedo. Los enemigos de la Semana Santa tienen cara de miedo. ¡¡¡Elapocalipsisnoestaaquiiiiií!!! ¡Y que viva la república monárquica independiente del miedo de la Semana Santa!

Pobre pregonero… Entre el público del Salvador, alguien ha creído identificar su estética de antisistema de flequillo irregular, camuflada bajo el perfume del azahar, con la de un prófugo cargado de lacitos en una camiseta con mensaje. La policía del pensamiento y del control de miedos ha llevado a cabo su detención entre aplausos enfervorizados y nerviosos de una multitud llena de miedo…

Mediodía de Domingo. Parece volver la supuesta normalidad. Desde el control de Gran Hermano, unas cámaras empiezan a grabar. Sobre la rampla del Salvador, unos niños endomingados portan camisetas con un lema. No tinc por. La cofradía crece. Hay futuro…

Manuel Jesús Roldán

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