Un nazareno de los Javieres / JOSÉ ANTONIO ZAMORA
Un nazareno de los Javieres / JOSÉ ANTONIO ZAMORA
EN CUARENTENA

Rabo de perro

Por  1:01 h.

“El pleno del Congreso ha aprobado la prohibición de la amputación de la cola de los perros”Escuchaba el transistor y no daba crédito a la noticia. Era un titular al que seguían valoraciones de políticos: “Es triste que nuestro país haya tardado 30 años en ratificar este convenio” decía uno de los próceres de la nación, opinión que se matizaba por otros parlamentarios que hacían distinciones entre los rabos y las colas de cancerberos cazadores, entre las ovejas churras y las merinas y entre la cola de toro y el rabo de toro, que hay sus opiniones, como bien sentenció Núñez de Herrera… Grandes problemas y grandes actuaciones.

Al sufrido oyente le vino a la memoria la lapidaria frase aquella de “que tenemos los políticos que nos merecemos y que los partido no hacen otra cosa que representar a la sociedad…”. Sudoroso como si hubiera olvidado sacar la papeleta de sitio, alcanzó a tocarse la cartera y llegó aún más lejos en sus cavilaciones cuaresmales. “La historia de la Semana Santa es el reflejo de la historia de la sociedad” le habían insistido en más de una ocasión. Y haciendo un silogismo deductivo, de los que aprendió en la Filosofía de Bachillerato que era Bachillerato y no una prolongación eterna de la Primaria,  llegó a interrelacionar rabos, colas y Semana Santa. Prefería pensar que no. Pero el siguiente programa cofrade que escuchó en el transistor vino a corroborar la teoría…

¿Un plan para solucionar definitivamente la Madrugada? ¿Un acuerdo real para impedir el desastre horario anual del Martes Santo? ¿Un proyecto sólido para hacer un museo definitivo y del siglo XXI de la fiesta más universal de la ciudad que fue universal? ¿Un sistema moderno para gestionar los ingresos de sillas y palcos y asentar económicamente a las hermandades? ¿Un estudio real del peligro real del actual diseño de la carrera oficial? ¿Un acuerdo de mecenazgo para la catalogación de archivos históricos de las cofradías? ¿Un plan de amplia apertura de iglesias y capillas y su inserción en las rutas culturales de la ciudad? ¿La firma de un plan de becas para la restauración del patrimonio? ¿Un recinto definitivo para el ensayo de bandas de música y un acuerdo de catalogación y difusión de la música procesional? ¿Un verdadero plan de formación para los dirigentes de las cofradías donde no se enseñe solo la sumisión a Palacio y se profundice en la fe pero también en la gestión administrativa y patrimonial?

No escuchó hablar de nada de esto. No había debate. Los acuerdos y resoluciones del año era dejar las cosas como estaban, dontancredismo puro, esperar a que llegue la próxima junta de gobierno, y culpar a los demás grupos (parlamentarios) de la falta de iniciativa y de visión de conjunto. Cabizbajo, paseó por Sierpes, zanqueando cual trasera de costaleros con enchufe, y pudo ver los estrenos del año. Las mejores creaciones de la ciudad se exponían voluntariosamente en un club privado entre cortinajes de décadas pasadas. Arte efímero para una exposición demasiado efímera. Ya en la calle, echó de menos la belleza del Cachorro en el cartel de Cerezal que pudiera tapar tanto rótulo luminoso, recordando con sana envidia otro gran cartel, el de Díaz Arnido hecho multimedia del siglo XXI en su presentación en Fitur o fragmentado en cada rincón de Jerez… Por el transistor debatían si el cartel de Sevilla debía exponerse en una tienda de cerámica o en otro lugar… Y no respondían a sus preguntas… Quizás fuera un programa grabado del año anterior porque parecían hablar de lo mismo: quince minutos. Por arriba o por abajo, como en Barrio Sésamo: está claro que la Semana Santa es un regreso a la infancia…

Pensativo, paró ante un escaparate en el que proyectaban imágenes de la Semana Santa del año pasado. O del anterior, que más daba, si la ciudad era un bucle eterno… Hacía décadas que no se innovaba en transmitir lo mismo desde los mismos sitios, en contar lo mismo de los mismos y por los mismos…

Creyó entender la profunda melancolía tantálica que conlleva la Cuaresma de esta época. Un perro alegre y  juguetón le despertó de su ensimismamiento con un nervioso toque de su cola. O de su rabo. Por lo menos, San Roque nos proteja, no se lo habían cortado…

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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