Nazarenos de San Gonzalo
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EN CUARENTENA

El estandarte

Por  0:05 h.

Suena el teléfono. Al otro lado, el diputado mayor de gobierno, “he visto que has solicitado una insignia en la cofradía pero hay hermanos más antiguos que tú y no te corresponde, ¿quieres el estandarte? ¿o la bandera de la hermandad? También tengo…”

Es el momento de la organización de la cofradía e internet ha revolucionado, también, este mundo. Ahora, el DMG se sienta en su casa, con su portátil, y resuelve tranquilamente y con tiempo problemas que eran fuente de conflicto hace unos años, tampoco muchos, en las casas de hermandad.

Los números de hermanos están perfectamente actualizados. ¿Hay algo que le guste más a un cofrade que bajar de número de hermano? Cómo será la cosa que me consta que hay casetas en la Feria en las que también se hace lo mismo con los números de socio. Como si importase si uno es el seis o el dieciséis a la hora de pagar los recibos y las consumiciones de la barra.

Las insignias y los puestos más apreciados se piden también por internet así que resulta más sencillo casar la antigüedad con los deseos de los hermanos.

Pero la red no puede con todo. Se mantiene la discreción pero no hay manera de evitar que la información corra como la pólvora. Es el momento de comentar quién lleva las maniguetas, o los palermos que van antes de la presidencia del pasocristo, quién va de diputado de cruz o por qué no me han elegido diputado de mi tramo si lo había pedido.

Para qué hablar de los niños que salen en los cortejos de acólitos, sobre todo el naveta y el carboncilla, los dos puestos más apreciados por las madres aunque no estoy tan segura que lo sean por los propios protagonistas. Demasiado humo, empujones y una bulla que no cesa en todo el recorrido.

Aunque nos empeñemos, no puede cambiar una forma de vivir la Cuaresma, una manera de relacionarse que va de las iglesias a las calles de los barrios, y de las calles de los barrios a los bares.

En las que los temas de conversación giran en torno a todos estos asuntos ¿nimios?

Los ortodoxos dirán que es una forma frívola de retratar una etapa que es penitencia, ayuno y abstinencia pero, si se fijan un poco, hay quien, en toda esta liturgia “profana” no bebe cerveza, o alcohol, o tinto; no come carne los viernes o se quita de comer queso precisamente porque es una de sus comidas favoritas.

¿Quién sabe? A lo mejor esos pequeños sacrificios son mejor vistos a sus Ojos que otros que se dan muchos golpes de pecho.

Stella Benot

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