El Adviento según Sevilla

Por  8:21 h.

El domingo pasado, celebraba la Iglesia la fiesta de Cristo Rey y culminaba, así, un nuevo año litúrgico en fecha, por otra parte, cercana a la de la finalización de otro año civil que, para desesperación de los que ya tenemos una cierta edad, parecen durar cada vez menos.

Se inicia, así, en nuestra Iglesia, el nuevo curso litúrgico con el Adviento, tiempo de preparación y meditación, para acoger convenientemente el Nacimiento, otra vez más, del mismo Jesús. Y esta época, que en otros lugares cristianos no pasa de ser un mero tiempo de espera y, en muchos casos, se queda en la superficialidad de la preparación de las fiestas de la Navidad, también en Sevilla, se vive de una forma diferente, sobre todo, en el ámbito cofrade.

Y es que, no sé si por una sensibilidad especial o por el amor desmesurado que sentimos hacia Ella, el sevillano aprovecha esta época, no solo para preparase para la gran venida de Nuestro Señor, sino para honrar, para venerar e incluso diría, para mimar a la que por ser ejemplo de fe, por dar el sí incondicional al mensaje del ángel, será capaz de traer al mundo, dentro de pocos días, nada más y nada menos que al Divino Salvador.

Y la querremos tener muy cerca, a nuestra propia altura, y querremos contemplarla bien y cuan hijos amorosos besarle, una y otra vez, la mano. Ya lo hemos comenzando a hacer en San Juan de la Palma o en el Baratillo, como señal de agradecimiento por la Maternidad que nos hace libres, para continuar homenajeándola en su Inmaculada Pureza y terminar proclamándola, la única Esperanza nuestra en todos los rincones de esta su ciudad de Sevilla.

Porque María al ofrecernos a Cristo nos hace el mejor de los regalos que nadie nos pudiera hacer, convertirse, también, en nuestra Madre y nuestra única Esperanza de Salvación.

Todo esto es lo que nos disponemos a vivir en el Adviento según lo entiende Sevilla.