Algo sí pasó

Por  10:22 h.

Soy consciente de que aún está caliente el artículo que sobre este mismo tema ha escrito en estas mismas páginas Juan Pedro Recio, soy consciente, también, de que muchos se plantean la cuestión de que si dándole publicidad al tema no estaremos haciendo, precisamente, lo que más desean ese puñado de incívicos e indeseables que, por otra parte, no hacen sino continuar en la Madrugada del Viernes Santo con el mismo comportamiento salvaje, irrespetuoso y carente de la más mínima educación que suelen tener todos los días del año.

Lo que si está claro desde la legitimidad que me otorga el haberlo vivido en primera fila, es que no podemos volver la cara, no podemos intentar convencer al pueblo de Sevilla en general, de que fue un incidente sin importancia que más vale olvidar. Porque yo no podré olvidar nunca la cara de terror de tantos y tantos niños que, en algunos casos hacían su primera Estación de Penitencia y que, llorando, suplicaban poder irse a casa con sus padres, ni podré olvidar la cara descompuesta y el llanto entrecortado de una mujer madura, portadora de un farol de Cruz de Guía, que sin poderse recuperar del susto pasado dudaba si sería capaz de continuar su Estación, ni podré olvidar nunca el desasosiego de muchos padres cuyos hijos iban en otros lugares de la Cofradía para continuar con una  tradición familiar que ha sido el soporte esencial de muchas de nuestras Corporaciones.

No nada de esto lo puedo olvidar. Ni tampoco puedo compartir algunos comentarios difundidos en ciertos medios de comunicación que venían a intentar justificar el comportamiento de tanto gamberro con el argumento de que eran nuestras hermandades las que invadían en la citada madrugada su lugar habitual de botellona.

Algo habrá que hacer y habrá que hacerlo pronto pues de lo contrario la  que puede estar herida de muerte es la celebración de la Madrugada de Sevilla por antonomasia. De hecho ya hay muchos padres que dudan en permitir la salida de sus hijos menores, vestidos de nazareno en dicha noche, por miedo a que pueda ocurrir una desgracia. Y lo peor es que ese ambiente, esa sensación de inseguridad atenaza a la Madrugada desde los célebres acontecimientos del año 2000 de los cuales, por cierto, tampoco nos han dado explicaciones, y  eso explica reacciones exageradas ante sucesos que, en otros casos, no las provocarían

Es indudable que en la raíz del problema está la educación, si así se puede llamar, tan permisiva que actualmente se imparte a nuestros jóvenes, hasta el punto de privar al educador de medios coercitivos para la adecuada represión de las malas conductas. Así estamos creando monstruos a los que hay que respetar todos los derechos incluso el de molestar a los demás sin que, por el contrario, se les exija ninguna obligación y ningún respeto.

Pero esto es harina de otro costal y falta espacio para discutirlo, lo que si es real es que, como bien señala Juan Pedro, algo habrá que hacer y pronto para que nuestra Semana Santa no pase a engrosar la lista de tradiciones perdidas.