Las convocatorias

Por  14:11 h.

Cuando nos acercamos, casi sin advertirlo, a la mitad del primer mes del año recién estrenado, comenzarán, otra vez más, a florecer en los laterales de las puertas de nuestros Templos, esas imágenes familiares para nosotros, no tanto para el que viniendo de fuera visita nuestra ciudad en esas fechas, que son las tradicionales Convocatorias de Cultos.

Y habrá muchos que sostengan que, en la era de la informática, del Internet y de la comunicación global y al instante, las mencionadas convocatorias son algo anacrónico inútil, y doblemente caro, pues al coste de su edición y colocación hay que sumar el coste indirecto que conlleva el retirarlas y limpiar la huella que dejan en paredes o azulejos.

No puedo negar que todo ello es verdad ni tampoco negaré que, en la mayoría de ocasiones, resultan inútiles para cumplir el fin con que fueron concebidas; es indudable que, en la actualidad, el hermano de cualquier Cofradía se entera mucho antes de las fechas de sus cultos por cualquier otro cauce que por el de las Convocatorias.

Pero, una vez reconocido esto, he de constituirme en defensor de que continúen existiendo aunque, a día de hoy, solo conserven su valor como tradición, en el universo de nuestras Hermandades. Me cuesta creer que en aras del utilitarismo que impera en nuestra sociedad, en aras de la economía que conllevaría su supresión, que, aún siendo real, no sacaría a ninguna Corporación del más mínimo apuro o, quizás, en aras de un modernismo mal interpretado e, incluso, en un delirio de ecologismo en esta Sevilla de “la sostenibilidad” se acabara con otra tradición de nuestras Hermandades.

La tradición es un bagaje muy importante en la historia de nuestras Cofradías y algo que contribuye, sobremanera, a su pervivencia tras tantos siglos. Y lo mismo que no cambiaríamos la estructuras de nuestros Cultos, ni suprimiríamos la Protestación de Fé en nuestras Funciones de Instituto, consideradas ambas como algo desfasado por los miembros más progresistas de nuestra Iglesia, no debemos perder tampoco la tradición de nuestras Convocatorias que hagan patente sal gran público que nuestras Hermandades tiene como uno de sus fines primordiales el culto a Dios y a Su Santísima Madre.

Y la alegría sería, todavía, mayor si, además de conservarlas, las Convocatorias cumplieran la misión primera para la que fueron ideadas y nuestros Templos se llenaran a rebosar en los Cultos Cuaresmales y en los días de nuestras Funciones de Instituto. Ojalá que Sus Majestades los Reyes Magos, que no deben estar, todavía muy lejos, me concedan ambos deseos.