Todo el mundo en general
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Todo el mundo en general

Por  11:40 h.

Cuando se acercan las fechas navideñas, en el umbral del mes último del año ya pasado de 2009, Sevilla, nuestra Sevilla más tradicional, se apresta a vivir una festividad para ella predilecta y por ella conseguida hace más de 150 años.

Pero antes, mucho antes, había comenzado la porfía en busca de la proclamación de este dogma. Y así en 1614 se publican las famosas coplas de Miguel del Cid, uno de cuyos fragmentos da título a este artículo y que eran unos cánticos muy populares con los que la gente, que entonces vivía en nuestra ciudad presentían gozosamente la realidad de un dogma que para ellos estuvo claro mucho antes que para la propia iglesia.

Hoy esta festividad se ve inmersa en el torbellino de un gran puente, unas mini-vacaciones para todos en el que hasta el nombre se intenta borrar, hoy hablamos del “puente de la constitución”, aunque en Sevilla siga siendo el puente de la Inmaculada. Y es que no podemos olvidar, porque esto es mucho más reciente, que recién aprobada nuestra Constitución, cuando se elaboró un nuevo calendario de días festivos, se quiso suprimir la fiesta de la Virgen y fue Sevilla, una vez más, la que se colocó a la cabeza de una corriente reivindicativa de su permanencia cosa que se logró finalmente.

Y aunque también tengamos culpa de que exista el famoso puente, no es menos cierto, que no nos debemos de amparar en él para permitir que la festividad de la Purísima deje de seguir teniendo la importancia y el carácter entrañable que antes poseía.

Este día era, para muchas familias sevillanas, el preámbulo o, quizás, el inicio de las reuniones familiares navideñas, con la excusa de que en muchas de ella había una madre o una abuela Concha. Y, ese día, se probaban los primeros dulces típicos de la fecha, se inauguraba el alumbrado navideño y los más jóvenes estaban con algo de sueño por haber asistido a la vigilia de la Inmaculada que terminaba con un homenaje de las tunas en el monumento de la Plaza del Triunfo. Algo de ello persiste, pero ya no es la Virgen, en muchas ocasiones, el centro y el motivo de la celebración.

Permitidme, pues, hacer desde aquí un llamamiento a todo el mundo en general y a los sevillanos en particular para que siga siendo la Virgen Inmaculada el centro de tan bonita celebración y un llamamiento a todo el mundo en general y a nuestros jóvenes en particular para que en la víspera del día 8, en esa bonita plaza detrás de la catedral, también sea la Virgen el motivo central de su reunión y, no solo el pretexto para pasar un rato de diversión en el que, incluso, proliferen actitudes y comportamientos en nada de acuerdo con la tradición ni con el espíritu con el que se comenzó a realizar dicho acto.