El milagro de todos los años

Por  9:50 h.

Semana Santa 2008 - Cofradías: Cardenal Que el hombre es un animal de costumbres hay muy poca gente que pueda dudarlo y, por el contrario, también el hombre es el único animal capaz de acostumbrarse a todo, a la vez que deja de dar importancia a las cosas cuando se repiten o entran en la rutina de su vida.

Y viene a cuento toda esta introducción casi filosófica, porque hace unos ocho años, una Hermandad pionera, la Hermandad del Cachorro, y un Hermano Mayor entusiasta Paco Osorno, tuvieron una idea genial por su originalidad, entonces, y por la dificultad que entrañaba ponerla en practica hasta el punto de poder considerarse casi una locura el llevarla a cabo.

  • Fruto de esa genialidad, veinticinco niños bielorrusos llegaban a Sevilla en el verano del 2001 para integrarse en otras tantas familias reclutadas para el proyecto por dicha hermandad y pasar aquí cuarenta días en los que, entre muchos otros objetivos, pudieran limpiarse de la contaminación radiactiva que asoló a su país tras el accidente de Chernovil.
  • A aquel proyecto de locos se sumaron, por este orden, la Hermandad de la Mortaja con Manolo Delgado a la cabeza y la de Montserrat con Paco Yoldi como Hermano Mayor, quedan nombrados los dos porque a ellos se les debe gran parte del auge que el programa ha tenido.
  • En el presente año, 550 niños bielorrusos han llegado a Sevilla y su provincia, lo cual implica no solo un desembolso económico muy importante, sino una ingente labor burocrática y organizativa que las Hermandades implicadas en el programa llevan a cabo como se acostumbran a hacer estas cosas en nuestras Corporaciones, eficiente y calladamente.
  • Ya nombres como los de Serguei, Aksana, Tania, Maksin u Olga forman parte, como un hijo más, de muchas familias de Sevilla en las que ya están totalmente integrados y con las que pasan unos días de asueto mientras sus organismos se libran de un contaminante peligroso para su salud. Se calcula que estos días que viven sin contacto con la radiactividad pueden alargar su vida en un año y medio aproximadamente.
  • Son ya ocho años de programa y, como decíamos al principio, lo que fue noticia destacada en los primeros años ya parece algo cotidiano y sin tanta importancia. No debe ser así, el dar años de vidas a estos niños sigue siendo un gran milagro, por más que ya sea un milagro anual y no le demos la importancia que merece.
  • Estamos hartos de oir y de leer que tres son los pilares que sostienen la vida de nuestras Hermandades en los tiempos que corren, Culto, Formación y Caridad. No cabe duda de que obras como la que nos ocupa fortalecen en sobremanera el tercer de los pilares y, por añadidura, justifican a nuestras Corporaciones a los ojos de los que creen que solo nos importan los pasos, los mantos o las candelerías.
  • A todos ellos reto desde estas páginas a que nos conozcan mejor antes de menospreciarnos por que milagros como este hay muchos más a lo largo del año, pero de eso ya hablaremos otro día cuando me venza otra vez la tentación de romper la costumbre de nuestras Hermandades que, fieles a la recomendación Evangélica, no quieren que sepa la mano izquierda lo que hace la derecha.

  • Feliciano Fernández es cardiólogo del Hospital Universitario Virgen Macarena y de la Clínica de Fátima