El tiempo y la razón

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No hace un año siquiera, desde este mismo foro, comentaba que la verdadera razón por la que el cabildo General de la Hermandad de la Esperanza de Triana hubiese dicho no a que el Señor de las Tres Caídas fuera a Madrid estaba en la forma y las condiciones en que se hizo la petición, sobre todo, al pedir que fuera el “paso” entero con costaleros, música y demás parafernalia.

En todo ello se podía estar de acuerdo o no, pero, como también mencionaba, parecía una paradoja el que desde la misma Iglesia que nos exige, cada vez más, que sepamos separar lo religioso de lo profano, el culto del fenómeno cultural y lo esencial de lo superfluo, no se tuviera en cuenta todo esto cuando se hizo la mencionada solicitud a la Hermandad.

Tampoco es la primera vez que expreso mi opinión de que estamos abusando en lo que a sacar “pasos” a la calle se refiere, que ya casi cualquier motivo justifica una salida extraordinaria y que es hora de poner coto a este vallado desde la instancia que corresponda, que, a mi parecer, ha de ser la jerarquía eclesiástica. También, en esto, se puede estar o no de acuerdo e, incluso, pueden caber infinidad de matices.

Pues bien, con todos estos antecedentes, he aquí que, hace muy pocas fechas, la Hermandad de Las Siete Palabras solicitó hacer una salida extraordinaria como parte de la conmemoración del quinto centenario de la fundación de la citada Corporación. A dicha solicitud se ha respondido desde Palacio sugiriendo que la mencionada salida procesional tenga carácter de vía crucis y como tal se celebre.

Me parece magnifica la decisión, en primer lugar, porque parece que volvemos a la cordura y la mesura que en lo referente a las procesiones extraordinarias, a mi juicio, se estaba perdiendo. Y como, aunque pueda nadar contra corriente, sigo pensando que los “pasos” están para salir en Semana Santa, no puedo más que expresar mi alegría pues creo que estamos en el inicio del buen camino

Pero, además, mi satisfacción es doble porque con esta decisión nuestro Obispo, viene a darnos, al menos en parte, la razón a los que pensábamos que para llevar al Cristo de las Tres Caídas a Madrid, solo era necesario el Cristo y sobraban los músicos, los costaleros y hasta el mismo “paso.

No estaba, pues, tan equivocada la decisión que la hermandad de la Esperanza tomó en aquel Cabildo si a los hechos actuales nos remitimos, a menos que la vara de medir sea distinta según sean las circunstancias el tiempo y el lugar y no parece, tampoco, que ello sea lo razonable.