Le rezo al Cachorro
Le rezo al Cachorro 34396

Le rezo al Cachorro

Por  9:50 h.

Cuando necesito hablarte, siento la bocanada de aire fresco y húmedo que sale de tu capilla, aliento que minimiza los estragos del calor una tarde de primavera. Y me veo sólo, arrodillado ante ti. Entonces recuerdo las veces que me quedé mirándote sin que mi padre me soltara de la mano. No había pasado ni un minuto y ya, lo que me impresionaba, era comprobar cómo el que me dio la vida seguía sin quitar sus ojos de ti. Probablemente, la primera vez que vi a mi padre emocionarse fue mientras te rezaba, mientras te hablaba, mientras te pedía o te daba gracias.

Y ya no sé rezar si no es imaginando tu cara, Cachorro. Te veo en todas partes, en cada rincón de mi casa, en la cama del hospital, en la calle, en el coche, en el trabajo, cuando necesito hablarte, tengo tu cara expirante en mi mente. A mi me lo enseñó mi padre, yo le rezo al Cachorro.

Lo que empezó siendo algo intrascendente, como un niño que imita cada acto de su padre, terminó convirtiéndose en un hábito, en una necesidad e incluso, en una hermosa rutina. ¿Cuánto tiempo ha pasado ya y cuántas cosas me quedan aún por preguntarte?

Dime, ¿qué te pedía mi padre, qué necesitaba de ti y qué necesita ahora?, dime.

Cachorro, dime cómo puedo darle las fuerzas que entonces le sobraban, dime. Cachorro, dime cómo puedo llenar yo el vacío que han ido dejando los suyos con el paso de los años, dime. Cachorro, dime cómo puedo volver a agarrarme de su mano para que no se me vaya nunca, dímelo.

Tú tienes todas las respuestas, a mi me lo enseñó mi padre, y mi padre, Cachorro, nunca miente.

Este Viernes Santo estaré contigo y con él, no sé en qué calle volveremos a verte, no sé donde nos encontraremos con tu silueta imponente, sólo sé que entonces seré yo quien le coja de la mano para rezarte juntos, y sin que haya pasado un minuto, me perderé, después de tantos años, en el semblante emocionado de mi padre. Amén.