Compro Oro

Por  9:14 h.

No me lo podía creer. Lo que me faltaba por ver. Un lumbreras ha encontrado la fórmula más efectiva y barata de hacer publicidad de su negocio. Sí, uno de esos que adora becerros de oro, alguien al que no le tiembla el pulso cuando pone precio a las medallitas que empeña la gente cuando tiene el agua al cuello. Un mercader en toda regla. Un listo.

Seguramente pensará que regalando camisetas a los pobres negros de los semáforos está haciendo una obra de caridad. Y es que, no les quepa duda, muchos compradores de oro consideran que echan una mano a las familias apuradas comprando colmillos de oro. En definitiva, colmillos dorados para colmillos afilados.
Y ahora me dirán que de algo hay que vivir, que tienen que mantener una familia y que nadie se aprovecha de nadie. El precio del gramo de oro está fijado y no cabe engaño alguno. Sí, conforme, pero a mi, y espero que a muchos, se me revuelve el estómago pensando en esos trueques. ¿Se imaginan a la señora que tiene que empeñar la alianza de su marido fallecido para llegar a fin de mes?

No es cuestión de demagogia, queridos lectores, es una cuestión de escrúpulo. Pero lo que más me duele no es que algunos vayan alardeando de creatividad publicitaria por las dichosas camisetas, lo que de verdad me molesta es que ante estos abusos no hayan intervenido quienes funden el oro en coronas y canastillas. Contra los mercaderes del templo ya hubo alguien enfrentándose, ¿recuerdan?, sí, el mismo al que hoy seguimos, al menos, eso pensaba yo.