Yo, sí creo

Por  23:33 h.

Yo le he visto haciendo milagros. No multiplica pan ni peces y tampoco devuelve la vista a los ciegos, pero llena de luz los ojos de los jóvenes cuando se cruzan con él por los patios.

Estoy cansado de oir a la gente decir que no cree en los curas. Y yo me pregunto, ¿a qué curas conoce usted? ¿Conoce a muchos? ¿Y todos son iguales?

Permítanme contarles la historia de este joven salesiano. Dejó su casa cuando, a duras penas, sabía hacerse el nudo de la corbata. Como en todo, hubo quien le apoyó y también, quienes no entendieron su decisión. Su madre, convertida entonces en una auténtica “Mamá Margarita”, le acompañó en su camino. Fue entonces cuando hizo las maletas, lo dejó todo, cogió su cruz y …

No sé por cuántos colegios ha pasado ya, así es la vida de los curas… sólo sé que donde ha estado, ha dejado huella.

Yo no creo, lo digo de corazón, ni en Ángeles, ni en demonios, ni nada que se les parezca, creo en gente como él, capaces de darlo todo aunque no tengan nada. Gente como él, capaz de partir corazones con su marcha, corazones de jóvenes sedientos de compañía, comprensión, diálogo, y cercanía. Que se lo pregunten estos días a los chavales de los Salesianos de Utrera. El colegio, sin él, se ha quedado sordo.

Quiero que aprovechen los comentarios a este artículo para recoradar al cura, al sacerdote o al párroco que marcó sus vidas.

¿Saben lo que les digo? Estoy convencido de que si bajara Dios del cielo… querría ser como Leonardo Sánchez Acevedo. Mi querido amigo Leo. Mucha suerte en tu nuevo camino, ve con Dios.