El Rey Felipe VI en la Semana Santa / ABC DE SEVILLA

Luces y contraluces: Monumento a los nazarenos

Por  11:20 h.

A los de la Candelaria que entraron pasadas las cuatro y media de la madrugada, a los del Dulce Nombre que lo hicieron más o menos a la misma hora, a todos los de la Madrugada que soportaron cuando no los retrasos, cuando no las entradas tardías, las carreras de quienes salen a la calle a todo menos a ver pasos, a los que en los primeros días de la Semana Santa sudaron bajo el antifaz y soprtando calores africanas, a los niños que nos dan lecciones y no se salen ni para tomarse un buche de agua, una actitud distinta a los que se sientan en los veladores a comer mientras su cofradía está en la calle. Si a alguien hay que hacerle un monumento en Sevilla es al gran artífice y al gran sufridor de la celebración. Los nazarenos mantienen la Semana Santa, contribuyen a su sostenimiento, y después, en algunos casos, son los olvidados y los grandes perjudicados. El Martes Santo, el Miércoles y la Madrugada, los días que acumularon más retrasos hubo hermandades que no tuvieron la consideración debida con los integrantes de su cortejo. Por eso y por tantas cosas, vaya el bronce de las estatuas a todos ellos.

Luces

El Rey. La de este año se recordará por ser aquella en la que Felipe VI_vio por primera vez la Semana Santa como monarca. Le prepararon un programa corto pero variado: Santa Genoveva, El Museo, Santa Marta y el Beso de Judas en la Campana. Lo que llegó después fue la visita al Santo Entierro que gestionó con habilidad su hermano mayor José María Font y la llamada al palio del Polígono. Los de San Pablo no daban crédito cuando le dijeron que dejaran unos minutos más el palio en el palquillo porque iba a venir Felipe VI. Entonces fue cuando el hermano mayor se puso a buscar como loco una medalla para el Rey que fue la que el monarca se colocó. Aunque dentro del mundo cofradiero hubo quién consideró que el lugar a donde había que llevar al Rey era la Plaza de San Francisco, esta visita a la Campana fue cálida, emotiva y entrañable. Todo un real acierto.

Crucificados. Puede que por los excesos de algunos misterios nos hagan volver la vista a pasos como los de los crucificados cuyos andares nunca se cantan. Pues ha llegado el momento. Fue una delicia ver al del Amor o La Vera Cruz, La Sangre o La Sed, San Bernardo o el Cachorro.

Esfuerzos. Lo han hecho muchas hermandades para aliviar los parones y los retrasos. Dos ejemplos: La Estrella contribuyó a aliviar los retrasos del domingo de Ramos.  El Martes Santo, Santa Cruz entró en la carrera oficial cuando ya era miércoles. Era una pena la poca gente que había ya en la Campana para verles.

Costaleros. Vaya como se ha notado el cambio en la manera de llevar los pasos del Buen Fin. Ahí se ha acertado con los Ariza.  El misterio de las Siete Palabras fue imponente; qué manera más elegante de llevar un paso con un acompañamiento, el de la Banda Esencia, que fue fabuloso.  El maridaje entre el misterio de la Sentencia y la Centuria y entre la cuadrilla de las Tres Caídas de Triana y la Banda de Cornetas de la hermandad permite que estos dos pasos sean referencia cada uno en su estilo, sin olvidar el magisterio de la cuadrilla del Desprecio de Herodes. También este año ha ido muy bien el misterio de San Esteban. Y en palios, la Virgen de la Estrella ha recuperado el son de antaño. Ver como andaba su cuadrilla era una delicia.

La estética. Los estrenos han respondido a las expectativas. Tanto la túnica malva y plata del Señor de la Sentencia como el techo de palio del Sol, obra de Raúl Berzosa han funcionado estupendamente. En las flores ya olvidada la dictadura del clavel. Eso sí, se siguen viendo alfombras de claveles feísimas como el césped que parece que le pusieron a Montesión. En el atavío, expresividad máxima la de La Amargura: parecía que se iba a salir del paso. Las Esperanzas de la Madrugada iban muy bien como la Virgen de la Palma, la del Cerro, la del Patrocinio o Madre de Dios de la Palma.

Contraluces

Otra vez las carreras. Empezó en los Gitanos, con una pelea en Matahacas y después algo que no se sabe lo que fue en San Román. Siguió por Orfila cuando la policía perseguía a unos individuos. Esto fue lo peor. A los niños pajes del Silencio los tuvieron que meter debajo del paso. Hubo nazarenos tirados al suelo, otros que se resguardaron en casas y comercios en Orfila y Lasso de la Vega. Vimos a otros, diputados, proteger a los acólitos e incensarios. Por último, en la Plaza del Museo hubo un amago que por fortuna lo atajó la gente que se escontraba allí para ver al Gran Poder. Como no se tomen medidas radicales, esto de las carreas se va a convertir en todo un clásico de la Madrugada. Y medidas radicales sí se pueden tomar.

La reforma. A la vista de los retrasos en casi todos los días (algunos por causas fortuitas como el Domingo de Ramos por el varal de la Hiniesta) hay que darle la razón a quienes abogan por un cambio integral de la Semana Santa. En la Madrugada -que se encontraba el punto de mira-este año han sufrido todos. Seguir como se está sería cosa ya de masoquismo.  Todas las hermandades han padecido parones de alguna u otra manera. Y la Macarena, que hizo un gran esfuerzo por meter a sus nazarenos y sus pasos en la Carrera Oficial, pasó por la calle Cuna como si fuera una manifestación. Estas cosas hay que arreglarlas y no dejar que revienten.

Mal gusto. Se cantaron saetas propias de la escuela de la Niña de la Babucha. Y otras fantásticas del Sacri, Manuel Cuevas o Joana Jiménez. Pésimo gusto un año más en la salida del Cristo de las Penas de la Estrella con el cántico que interpreta la banda, lo mismo que la Salve Marinera en la salida de la Virgen de Carmen Doloroso. Como se ve, la catetización de la Semana Santa tiene aliados en Sevilla.

Otros excesos. La presidencia del Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta estaba compuesta por 23 nazarenos. Más que presidencia aquello parecía el comité central. En el segundo año del palio de las Siete Palabras se percibe que, a pesar de la mejora, el paso sigue siendo muy grande para una dolorosa que tiene un rostro tan pequeño. Todo lo contrario que pasa en San Gonzalo que tiene un palio chico para una Virgen, la de la Salud, con un rostro grande.

Marchas. Un repertorio inadecuado enfría. Ocurrió con el Misterio de San Benito en la Campana y con la Oración en el Huerto. Las marchas que sonaron no fueron las más conocidas y de ahí la indiferencia del público. La tendencia se ha repetido mucho. Marchas nuevas que no dicen nada.

Calles. Por tirar por O’Donell en lugar de por Rioja, los nazarenos de la Esperanza de Triana aumentaron considerablemente el parón.  La lógica indica que su mejor recorrido fue el que hicieron hasta el año pasado.

José Cretario

José Cretario

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