El Nazareno del Silencio saliendo de San Antonio Abad
El Nazareno del Silencio saliendo de San Antonio Abad

Primer golpe. Diez minutos

Por  10:04 h.

Los hermanos mayores del inicio del «prime time» de la Semana Santa han levantado la voz por el adelanto de 10 minutos de la Madrugada. 10 minutos no son una eternidad pero para los jupiterianos 10 minutos  suponen una nueva invasión de la jornada que afectaría al público que va a ver el regreso, por ejemplo, de Los Negritos o de Las Cigarreras. ¿No es todo esto una exageración?Parece que sí.

Las costumbres no se pueden cambiar por la vía de la nómina en esta Semana Santa contemporánea en la que hay que aprender a convivir con la realidad. Las hermandades que celebran cultos públicos el Viernes de Dolores no levantan la voz porque salgan pasos ese día, ni las que salen el Sábado de Pasión piden que se cierren los templos para que la gente, en lugar de ir a ver los pasos montados, se lleguen a los barrios a presenciar sus cortejos. Si alguien se pierde la vuelta de las cofradías del Jueves Santo por ir a prepararse para estar en la Madrugada, allá él, un gozo menos. Pero nada se va a alterar por los diez minutos de más que le han dado a la jornada por delante. El Jueves Santo aquí ha exagerado un poco y ha utilizado en el escrito remitido al Consejo palabras poco apropiadas para referirse al presidente Bourrelier que, con fortuna o no, ha hecho equilibrios en el alambre para cuadrar el galimatías de este año.

Sí llevan razón sin embargo en la queja, no formal, que expresan en privado tras unas palabras de un hermano mayor de la Madrugada refiriéndose a la lentitud de sus cortejos. El «tempo» del Jueves Santo no es el de la Madrugada. Es diferente, distinto, no tiene nada que ver con las velocidades de otros días, es sereno, propio de un día sin prisas para disfrutar también de unos cortejos que discurren con la solemnidad de la historia que los respalda.

No hacen falta cartas de protestas, ni peticiones inútiles al Vicario para que rectifique una decisión del Consejo. Lo que hacen falta son cabezas pensantes que vean cómo se puede reordenar en el futuro una Semana Santa agigantada que va camino de convertirse en un problema cada año.

José Cretario

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