Manolo Cuervo con su cartel del 450 aniversario de la Hiniesta / RECHI
Manolo Cuervo con su cartel del 450 aniversario de la Hiniesta / M. J. RODRIGUEZ RECHI

Primer golpe. La Hiniesta y su cartel

Por  10:04 h.

Es gratificante comprobar cómo, tras la publicación del cartel de Manuel Cuervo para la Hiniesta, el capilleo no se ha lanzado en tromba contra la obra. No es que ahora todo el mundo vaya de moderno, pero digamos que la peña ha estado dividida entre quienes ven este cartel como una gran aportación al anquilosado arte de las cofradías y los que hubieran preferido una pintura más de las habituales, con sus angelitos y sus moños.

Si la Hiniesta ha querido -como parece- llamar la atención encargando la obra a este reconocido y prestigioso artista, lo ha conseguido y de sobra. Ahora bien, si la ilustración en lugar de un cartel, hubiera servido de portada a la revista Mongolia -balazos de colores sobre la Imagen disparados como un paintball  y siete cuchillos de cocina en el corazón traspasado de la Virgen- otro gallo estaría cantando ahora.

El arte no es solo cuestión de gustos. También ha parámetros para objetivar una creación. Es decir, entre las Meninas de Velázquez y la pintura del alumno de un taller de los distritos hay una diferencia medible y no sólo subjetiva. Y este cartel, aunque original para una cofradía puede que presente una serie de debilidades conceptuales.  La obra es ochentera, muy visual, muy chula. Quiere responder a las reglas de los distintos movimientos del Pop Art con tintas planas y simpleza en el lenguaje. ¿Que parece que anuncia un carnaval en lugar de algo relacionado con la religión? bueno, esa impresión es la que se han llevado algunos expertos que no han entendido demasiado bien el mensaje del autor (para ser pop art no es un cartel limpio) si es que este mensaje existiera.

El caso es que ahí tenemos de la mano de la Hiniesta el cartel de Manuel Cuervo que quiere ser transgresor y que de hecho lo es. Y entre cosas como esta, que se pasan de frenada, y la composición de siempre, es mejor lo primero que lo segundo porque al menos así se zamarrean las expresiones artísticas cofradieras atornilladas a ese siglo de oro que pasó ya hace centenares de años.