La cruz de guía del Calvario espera a que pase la Macarena por la Campana
La cruz de guía del Calvario espera a que pase la Macarena por la Campana

Primer golpe. La limitación del tiempo

Por  10:05 h.

Lo de esta semana de la Madrugada da para una comedia o un drama, según se mire, porque resultado ha sido, como en las comedias o en los dramas, un poco desastre; estamos a una semana del cabildo de toma de horas y aún no se saben los recorridos y los horarios de la jornada central de la Semana Santa de Sevilla, que dicen que sigue siendo la capital y el referente para las cofradías de todo el mundo.

Al margen de las calles, los itinerarios, de las tácticas del Gran Poder o las estrategias de la Macarena, del desplazamiento de Los Gitanos al alba o de la burra de Marqués de Paradas comprada por Triana, de las azucenas abolladas del palio del Silencio o del proteccionismo con que un par de hermandades han abrigado al Calvario, al margen de todo, aparece sobre la escena una realidad que puede que requiera soluciones en un futuro más o menos inmediato; una realidad que no se puede manejar porque es el tiempo. La Madrugada crece casi una hora. Empieza antes y termina después. El palio de Los Gitanos -la hermandad más perjudicada por todos estos planes- va a entrar en La Campana cerca de las ocho de la mañana. Esta ampliación del horario proviene del tremendo crecimiento experimentado por la mayoría de las las seis cofradías. Y no parece que la cosa se vaya a quedar ahí. En la Macarena las incorporaciones de hermanos son muy altas. En Triana y en Los Gitanos también. ¿Qué pasará cuando un año las cofradías de capa y el Gran Poder superen los 3000 nazarenos? Pues que pedirán un tiempo que ya no existirá.

Ante esto hay dos soluciones. O hablar claramente de un número máximo de nazarenos por cofradía, lo de se denomina «numerus clausus» o establecer un límite de tiempo para cada cortejo. Es decir, usted puede sacar 3000 o 4000 nazarenos, pero tiene que pasar en un tiempo máximo de 90 minutos y ni uno más. Si aquí hubiera cabezas pensantes como las de antes, ya se estaría trabajando sobre los escenarios de un futuro que no tardará mucho en llegar. Pero eso sería ya pedir mucho, cuando, como se ve, no hay acuerdo ni en los escenarios del presente.

José Cretario

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