Sanedrita de San Esteban

Primer golpe. Malas artes

Por  8:05 h.

Lo ocurrido en San Esteban tiene que llevar necesariamente a una reflexión a quienes desde los despachos de la Mitra se encargan de recibir denuncias y de dictar sentencias. El episodio se resume así: señora que en la práctica del alcahueteo envía una carta al Arzobispado contando la vida de un miembro de junta, el delegado de asuntos jurídicos manda cesar a ese señor que era diputado mayor, el diputado mayor recurre y finalmente el vicario general restituye en su puesto al oficial cesado. La metedura de pata de las instancias episcopales es descomunal a la vista de la secuencia no ya porque entre al trapo de un asunto que era consecuencia de un resultado electoral en la hermandad, sino porque dejó a una persona a los pies de los caballos.  La recurrente visita a Palacio a contar vidas privadas se ha convertido desde hace tiempo en la amenaza de quienes se erigen, como los clérigos iraníes, en guardianes de la virtud. Y está ya tan interiorizado todo que hasta para ser pregonero hay que pasar por la prueba del algodón de Don Marcelino.

Lo peor es que este caldo de cultivo da pie a descerebrados y descerebradas a exhibir sus posibilidades de desestabilizar. Alguien debería caer en la cuenta de que a las personas se las pueden destrozar con este tipo de malas artes que no terminan de desaparecer.

José Cretario

José Cretario

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