El bombero que salva vidas en el Museo

Primer golpe. Salvavidas

Por  2:05 h.

Son cosas que tendrán su lógica pero que no se explican con la razón. En 2000, cuando las primeras estampidas, los dos policías que escoltaban a los hombres más poderosos de España, vestidos de nazarenos, corrieron a colocarse junto al Señor para darle protección. Manuel Blanco, uno de los bomberos sevillanos que se cruza el mar para salvarle la vida a los desamparados de la tierra se encarga desde hace años de una hermosa tarea.  Cuando pasa el Domingo de Pasión y los priostes del Museo se disponen al subir al Crucificado, Manuel se presenta en la capilla con sus maromas gruesas para colocar a la Imagen en el paso procesional. Con la misma delicadeza que coge a un niño sirio de una barca a la deriva en el Mediterráneo, o a una familia que huye de la guerra y recala en la isla de algún archipiélago griego, el bombero va calibrando el movimiento de la cuerda y la polea para que se alce el Cristo sobre su trono del Lunes Santo. Hay un pacto para repartirse la tarea: Manuel salva vidas, Jesús se encarga de salvar almas.

En la Capilla, qué tremenda paradoja;  junto a nuestro hombre se encuentra una Virgen que se llama de las Aguas y que lleva en el manto todo el mar verde azulado escenario de la tragedia y del trabajo heroico de bomberos como Manuel Blanco que tiene la hermosa tarea de salvar vidas.

El bombero que salva vidas en el Museo

José Cretario

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