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Primer golpe. El Señor del bonobús

Un día cogiendo el 5 de Tussam cuyo trayecto más allá de la Gran Plaza desconocía, vi a alguien que sostenía en la mano lo que supuse que se trataba de una estampa plastificada del Gran Poder. Lo del plástico era porque estaba dentro del sobrecito donde van los bonobuses. Ese autobús y el 24 y el 22 son cada viernes el recinto donde forma un cortejo de nazarenos de ruan que dejan cerca del centro o del transbordo a los devotos del Señor. Los que nunca fallan.    

Este verano, y en ABC el Arzobispo Asenjo se refería así dos parroquias, la de Las Candelarias y Los Pajaritos que le habían pedido como destino dos sacerdotes jóvenes. «Las dos están en barrios sin nazarenos -decía. Las cofradías se tendrían que preocupar de la pobreza que hay en la periferia urbana.» Casi no hizo falta decir más para que el Gran Poder, acudiendo también a la memoria de aquella Misión del año 65 comenzara a trabajar para celebrar en 2020 de una manera distinta el 400 aniversario de la hechura de la talla. ¿Una procesión? Ya hubo una reciente. ¿Cultos extraordinarios? No hay nada más extraordinario que le día a día en la Basílica. ¿Entonces qué? Pues esta iniciativa que llevaría al Gran Poder durante tres semanas a las parroquias de los barrios más desfavorecidos de Sevilla, donde la periferia no es un sustantivo solo geográfico sino anímico y sentimental.

Con este proyecto la hermandad del Señor y La Macarena que renuncia a sacar a la Virgen en 2020 se han situado en la vanguardia de un tiempo nuevo a la hora de programar unas conmemoraciones extraordinarias que padecen una crisis de modelo por su reiteración. Para dentro de poco más de 2 años, el Gran Poder celebrará su cumpleaños cogiendo un bonobús y devolviendo a sus devotos de los barrios más castigados la visita de las tardes de cada viernes.  Un viaje entrañable porque será como volver a casa.