El Cristo de los Desamparados del Santo Ángel / J. J. COMAS RODRÍGUEZ

Primer golpe. El triunfo de la belleza

Por  10:05 h.

Hay sabios que piensan que buena parte de este universo ha quedado convertido en un mundo de olivos y de romanos, de izquierdazos y coreógrafos, de marchas charangas, de historicismos falsos y de falsos folclores. La Semana Santa vive una de las crisis más preocupantes de su historia por la superficialidad de todas las cosas que empiezan a a formar parte de su día a día. No es una crisis económica ni demográfica, es mucho peor: es una crisis medular, que afecta directamente a su esencia. En la antigua Grecia, después de los tiempos de mayor esplendor vino el periodo del helenismo en el que esa cultura poco a poco fue decayendo. Pero siempre quedaba, como salvaguarda, la belleza.

Ocurrió el pasado sábado. Los frailes del Santo Ángel después de montar una de las exposiciones más memorables que se recuerdan habían previsto sacar al crucificado de los Desamparados de Martínez Montañés por el cuarto centenario de su creación. Se trataba de una ocasión excepcional para conocer de cerca una imagen que cuatro siglos después aún no ha sido superada. Solo por este Cristo, por su anatomía o por su concepto del dolor, Montañés habría hecho méritos suficientes para ser considerado el Fidias andaluz.  ¿Y cómo rodearon a la Imagen? Con lo mejor. Primero con un relato claro: el Cristo sale en rogativas por todos los desamparados de nuestros tiempos, por los refugiados, por las mujeres maltratadas, por los cristianos perseguidos, por los desahuciados… Y después había que sacarlo rodeado con una belleza acorde a la talla. No había mejor paso que el de San Bernardo que es el triunfo de la simplicidad frente a las catedrales andantes que se construyen en estos tiempos. No había mejor música que la de la Oliva de Salteras, una banda que sabe mucho lo que es la calidad de las marchas y que no cae en las modas del momento. No había mejor cuadrilla que la que iban a poner los Villanueva, la saga que aporta el sentido justo de la medida a cada uno de los pasos que sacan. Y no había mejor florista que Antonio Rivera que supo componer un monte naturalista con tonalidades malvas para policromar la escena.

Un cortejo justo, un recorrido adecuado y un ritmo conveniente. Con todos estos ingredientes se desarrolló el día 10 una de las procesiones extraordinarias que más se van a recordar en los tiempos. Sirvió para mucho pero sobre todo para reconciliarse con este tipo de expresiones externas de la fe. Y lo fue por algo muy simple. Cuando el hombre ya no tiene nada siempre quedará la belleza para consolarle.

El Cristo de los Desamparados del Santo Ángel / J. J. COMAS RODRÍGUEZ

 

José Cretario

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