Niños nazarenos de la Borriquita / JUAN FLORES
Niños nazarenos de la Borriquita / JUAN FLORES

Queremos, no queremos

Por  1:15 h.

Cuatro siglos

Pasión de joven era igual de dulce que ahora. Hace cuatrocientos años que salió del taller del Maestro Juan para ser la admiración del mundo entero. Parece que cuando nació, ya lo hizo con la corona de espinas que un día le retallaron por las modas de la época. Hoy, en el día de su besamanos y en las vísperas de su asunción al paso de plata de Cayetano, aparece como lo vamos a ver en este año del aniversario, con todos los atributos de su pasión, de su poder y de su gloria. El Nazareno de Montañés es una de las joyas del arte universal del que tenemos la suerte de ser vecinos. ¿Cómo sería su primera salida? Seguramente parecida a la del cuadro de Turina con aquellos monjes mercedarios presenciando en la Puerta Real el espectáculo de su figura. Seguramente la soñamos como ese otro cuadro que ha pintado este año Rafael Laureano saliendo de la portada del actual Museo de Bellas Artes que fue su primera casa.  Pero aquello es pasado. El presente es el que nos aguarda en la anochecida del Jueves Santo. Cuatro siglos después de su creación, Nuestro Padre Jesús de la Pasión regresará a las calles para pregonar el triunfo de la belleza sobre el dolor.

QUEREMOS

Ver el primer nazareno.

Ya han salido en los barrios y en el centro desde antes de ayer. Los heraldos de la Semana Santa, los de las vísperas, ya tienen la túnica para volver al altillo. Pero el primer nazareno que aparece bajo la luz de este domingo de Ramos es una de las emociones más grandes que nos regala la Semana Santa. ¿Será de La Paz, será de la Borriquita?

Escuchar a Macarena.

Macarena Rojas Marcos, la primera niña que pedirá la venia de la Archicofradía del Amor. Por primera vez será una mujer. Y por eso esta venia será algo más que un símbolo. Es la realidad que afortunadamente llega. Como llega Marta Fernández que este año será la primera Diputada Mayor de Gobierno de la historia en su cofradía de Montserrat.  Poco a poco esto empieza a ser de todos.

Alegrarnos del arte.

Comprobar cómo, pese a la crisis de los talleres, vamos a ver este año prodigios como la túnica malva y plata del Señor de la Sentencia, o el techo de palio del Sol, dos joyas que le dan empuje a los oficios que nacieron en el medievo y que siguen vivos ojalá que por muchos siglos más.

Que siga la buena música

Todo se va modulando. A base de empellones, parece que las bandas, sobre todo las que tocan tras los pasos de Cristo, se han dado cuenta que si no cuidan su repertorio, el futuro es negro. Desde el año pasado se ha visto más moderación en las composiciones que se tocan, menos friki marchas y más sentido de la medida. Vamos a seguir así que ese es el buen camino

Una Semana Santa de pregón.

El pregón del domingo pasado también es una de estas joyas que nos encontramos de vez en cuando por la vida. Porque el pregón de Lutgardo García puede considerarse como de las mejores piezas literarias que se han escrito dentro del género. Si esta Semana Santa fuera como el pregón, estaríamos ante un año de inmensa altura.

Recordar a los que se han ido.

La Semana Santa es una cadena de siglos. Este año faltan eslabones. Uno muy grande, el de Juan Martínez Alcalde que desde el balcón de las nubes disfrutará de nuevo con lo que tanto amó.

Respetar al nazareno

A todos. A los que rezan y a los que no. A los que salen por devoción o por costumbre. A los de capa y a los de cola. Ellos son la base fundamental de la Semana Santa. A todos les debemos respeto y admiración.

Que no pase el tiempo.

Para embobarnos con la belleza de este año de La Macarena y la Esperanza de Triana, de la Trinidad y de la Soledad de San Buenaventura, de la Virgen del Patrocinio o de la Virgen del Cerro, de la Madre de Dios de la Palma o la del Rosario. Para quedarnos prendados de este paraíso que vuelve a Sevilla cada año por primavera.

NO QUEREMOS

Una Madrugada de retrasos.

Es la gran preocupación de este año. Nadie lo niega: que después de los frustrados intentos de arreglar su organización, este año rompa sus costuras por la masificación de los cortejos de nazarenos. Todos van a hacer esfuerzos para que la noche salga bien. Y aquí no valen los piques ni las estrategias. Aquí lo único que vale es el respeto a los cortejos de nazarenos y a la gente que sale a ver las procesiones. La de 2015 debería ser la mejor Madrugada de la historia.

Los palos de selfies.

No hemos terminado de arreglar lo de las sillitas cuando ahora se pone de moda el palo para hacer fotos con el móvil. Y lo malo no es eso, lo malo es que se alzan delante de los pasos convirtiendo las inmediaciones de las imágenes en un inmenso cañaveral que impide una correcta visión.

Dormirnos viendo pasos.

Cuando los pasos, sobre todo los misterios, salen de la zona cero -donde están las televisiones y las emisoras de radio- dejan su moderación y comienza el espectáculo. Este puede estar compuesto por vueltas eternas y chicotás en las que apenas se avanza o en hacer la batidora combinando todos los movimientos posibles de la coreografía internacional. Hay que buscar a un santo para rezarle y que desaparezcan las horteradas.

Devotos de las bandas

Los cortejos deberían tener un diputado antifrikis que desalojara el espacio que va entre el paso de Cristo y la banda de música. Allí es donde se suelen meter todo los devotos de las canimarchas para grabar y cangrejear delante de su banda preferida.

Carnaval

El año pasado se perpetraron en Sevilla atentados contra el buen gusto como fueron esas bandas cantando en las puertas de las Iglesias como si fueran coros de la final del Falla. Las únicas responsables de tales mamarrachadas son las hermandades que lo permiten. Que se sepa, el que paga manda. Y el que paga es quien debe poner los límites.

Llevarnos el Oscar…

…a la ciudad más sucia de Europa o el Nobel de las Ciencias de la Porquería. Cada año las calles se convierten en una alfombra de basura que hace trabajar el doble a los operarios de Lipasam y que da una imagen pésima de nosotros mismos. Si cada uno pusiera solo un poco de urbanidad en sus modales nos ahorraríamos esa visión horrible de cada noche.

Mala comida

Ni torrijas tiesas, ni pestiños duros, ni salchichas caducadas, ni serranitos con jamón de poliuretano, ni tenedores sucios, ni vasos rotos. La hostelería ocasional es tan importante como la permanente. El usuario merece un respeto, no solo en el paladar sino también en el bolsillo. Si alguien ve que le quieren vender a un extranjero una botellita de agua a cinco euros, que lo denuncie.

 

José Cretario

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