Las memorias del hermano Pablo

Por  2:25 h.

Cuando parecía que nuestro Arzobispo iba a seguir al frente de la Archidiócesis, más allá de la edad que canónicamente establece el relevo, se nos anunció el pasado dia 13, el nombramiento de un arzobispo coadjutor, y que a la postre, será quien dirija la Iglesia sevillana desde la Plaza de la Virgen de los Reyes en los próximos años: D. Juan José Asenjo Pelegrina.

La designación de D. Carlos Amigo, vino hace ahora 26 años, con el apremio que imponía la enfermedad de Bueno Monreal. Eran tiempos de transición a principios de los 80, en los que un joven Arzobispo, tuvo que afrontar importantes retos, en una tierra extraña, dotada de una religiosidad muy peculiar y con una idiosincrasia muy diferente a la castellana.

55 años como franciscano, casi 50 de sacerdote, 35 de arzobispo y más de 27 años de intensa labor pastoral en Sevilla, certificarán su currículum, cuando el 23 de agosto próximo, el calendario le anuncie los tres cuartos de siglo que acumula bajo la mitra.

Los méritos de Fray Carlos le harán pasar a la historia de Sevilla, y su nombre ya está inscrito con letras de oro en los anales de muchas cofradías. Pero al tratar sobre Amigo Vallejo, me permitirán ustedes que desvíe la atención hacia otra persona que quizá no pase a la historia ni vea su nombre en los anales. Un hombre que durante los últimos 25 años ha permanecido junto al Arzobispo, ocupando esa estrecha franja que divide la primera línea de servicio a la Iglesia y el prudente segundo plano que su oficio de secretario personal, requiere. Una persona que contribuye dia a dia con su trabajo discreto y eficaz a la gestión de un pontificado fructífero para la Iglesia, y próspero para las hermandades: el hermano Pablo, al que todos conocemos, pero del que poco sabemos.

Este franciscano de la Cruz Blanca, Pablo Noguera Aledo, ha sido y es una figura indispensable en la labor pastoral del Arzobispo. De su servicio a la Archidiócesis, se han nutrido, no pocas veces, las instituciones religiosas de Sevilla. Ejerce en muchas ocasiones de puente entre las cofradías y el Pastor. Es su acompañante en comparecencias públicas, y es, además conductor del coche del Cardenal. Siempre le vemos ayudando en las celebraciones litúrgicas, adivinando con un simple cruce de miradas, los requerimientos del Arzobispo. Es él quién toma razones, lleva la agenda y es, con seguridad, el más fiel consejero y confidente de Fray Carlos. Su abultada hoja de servicios quizá no trascienda más que por tratarse del cumplimiento de un deber.

Fray Carlos pronto entregará el báculo a su sucesor. El retiro franciscano le espera. No sabemos cual será el destino del hermano Pablo. Quizá ni él lo sepa. En todo caso, las cofradías si le deben mucho a este hombre discreto y servicial. Sí también se retira, al menos podría dejarnos sus memorias de estos 25 últios años. Interesantísimas de leer.

Fotografía: José Javier Comas Rodríguez