Amparo y Halloween

Por  7:23 h.

El tiempo de las Glorias llega a su fin. Cuando el próximo dia 8 la Reina de Todos los Santos inunde con su última mirada la calle ancha de la Feria, se cerraran las celosías que la primavera abrió para que nuestras esencias más genuinas recorrieran calles, plazoletas y collaciones olvidadas.

Llega Noviembre vistiendo vírgenes de negro. Melancolía de los rápidos atardeceres. En la Magdalena, un regalo para los sentidos: una bella estampa arrancada del libro de los siglos. Besamanos de la Virgen del Amparo. Majestuosamente bella. Intima elegancia. El tiempo, a Sus plantas, diluyéndose en sí mismo.

La contemplación de la Virgen del Amparo nos brinda el recuerdo de la niñez. Una niñez que se asomó a la luz en nuestra primera foto. Primeros instantes de una vida cuando nos presentaron ante Ella, en su recoleta capilla, tras recibir las aguas del bautismo. De aquella añeja foto, ya faltan algunos seres queridos. El tiempo pasa y el recuerdo permanece en la memoria y en el blanco y negro de aquella preciada fotografía de un mes de septiembre. Y en estas fechas, las sentidas ausencias y la Virgen del Amparo hacen de urdimbre para trenzar nuestra particular letanía de la añoranza. Interioridades en las vísperas de Todos los Santos y los fieles difuntos.

Cautivados por la más dulce de las miradas, salimos de la Magdalena sin reparar en nada más. Los recuerdos nos acompañan hasta que la calle golpea nuestros sentidos adormilados, para ofrecernos una visión distinta y distante a la solemne y distinguida quietud de la Virgen. Otras “tradiciones” se van imponiendo caprichosamente, proyectadas desde culturas ajenas. Importación de mal gusto, donde los difuntos son broma y los esperpentos deambulan por nuestras calles en un grotesco carnaval de otoño. Tradición irlandesa, reinventada en Norteamérica, y cada vez más aceptada en nuestro país. Absurda espiral de esnobismo que necesita de extravagantes ritos extranjeros. Calabazas, fantasmas y disfraces ramplones que se afanan en competir con las tradiciones de nuestra tierra. ¿Dónde quedaron las representaciones del Tenorio? Lo peor de todo esto, la creciente promoción desde algunos centros educativos, como actividad lúdica o festiva.

Quizá nos tachen de clásicos, de ranciedumbre mal llevada y poco sentido de la pluralidad, la diversidad y no sé de cuantas cosas más, pero frente a los disfraces de muertos vivientes y calaveras, personajes de terror o estereotipos creados por la industria del cine, preferimos quedamos con nuestras “caducas” tradiciones de noviembre. Recuerdos familiares junto a la sonrisa tenue y la sutil elegancia de la Virgen del Amparo.