Carrera oficial

Por  18:36 h.

Todo lo relacionado con la carrera oficial es un tema recurrente, y salta con mucha frecuencia a las páginas, micrófonos y virtualidades informativas de la Semana Santa y sus cosas. En los últimos meses se ha hablado mucho de ampliaciones, modificaciones, pasillos de seguridad, eliminación de sillas, nuevas configuraciones,… Siempre es tiempo para hablar de la carrera oficial.

Hace pocos días ha vuelto a salir a la palestra, como estrella de oriente en vísperas de la Navidad, un hipotético y aún poco estudiado “traslado” del inicio de la carrera oficial. Un asunto del que ya se habló hace una década. Se trataría de sustituir la Campana, Sierpes y Plaza de San Francisco por la Magdalena, Méndez Núñez y Plaza Nueva, para desde aquí, continuar con el habitual recorrido hacia la Catedral, por la Avenida.
La verdad, no lo veo. Por una parte, la Campana es más amplia que la plaza de la Magdalena, que con su fuente central y parterres, dificultaría, la colocación de sillas, a no ser que los ideólogos de “la piel sensible” se cargaran lo que queda del decimonónico encanto de la antigua plaza del Pacífico. Aquí vendría el primer problema: menos sillas, menos espacio y quizá menos seguridad en un entorno urbanístico que no mejora a la Campana.

Méndez Núñez es más regular en su trazado que Sierpes, y más ancha que los tramos angostos de la calle principal de Sevilla, pero a la vez, es más corta. No muchas más sillas cabrían, y la seguridad de cofradías y abonados sería cuestión de estudio. El encanto y la tradición de Sierpes no los tiene esta calle, poco transitada por las cofradías a lo largo de la historia.

El ala norte de la Plaza Nueva podría convertirse en el espacio ansiado por algunos, donde si tendrían cabida un número elevado de asientos. Tantos que podrían llegar hasta las gradas del pedestal de San Fernando. Se ganaría en comodidad y en seguridad, pero esta plaza, abierta y amplia, también tiene arriates, jardines y una configuración urbanística que tendrían que adaptar, necesariamente, para la Semana Santa. Las tribunas de los palcos cambiarían de plaza y fachada del Ayuntamiento. Si ya resulta algo frío este tramo de la carrera oficial, en un lugar más amplio como la Plaza Nueva, quizá resultara desangelado.

Hay quien apunta como ventaja de estos cambios, a que se ganaría la calle Sierpes como vía de retorno de algunas cofradías, pero por otro lado, la calle Tetuán desaparecería como acceso a la carrera oficial. Otra supuesta ventaja es la eliminación para las hermandades que vienen de la Encarnación o Cuna del rodeo de Orfila, Lasso de la Vega y Duque, simplificado por Martín Villa y Campana, para acceder por O’donell a la carrera oficial. No creo que la reducción de tiempo y espacio fueran notorios.

Las hermandades procedentes de Triana y San Pablo si acortarían unos metros sus itinerarios, pero no como para compensar tanto cambio. Cambios que aparentemente no mejoran mucho lo que hay. Quizá un puñado más de sillas y algún que otro palco, pero a las cofradías no les reportaría gran cosa. Lo cierto es que las reglas de las hermandades no hablan de la carrera oficial, y si del “camino más corto”, pero claro, los dineros, la costumbre y la oficialidad de un itinerario común, son garantías de pervivencia. Y quizá de intentos de cambiarla sin solucionar los problemas actuales.